Juntos por Camboya: la ciencia ayuda al desarrollo

El post de hoy es un poco especial. En él no vamos a contaros ningún nuevo tratamiento o técnica biomédica sorprendente. Hoy os queremos contar una iniciativa de dos jóvenes españoles para acercar la enseñanza práctica de la ciencia en Camboya

¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA?

Todo comenzó por una iniciativa personal de Soledad Gómez y Ubay Riera (Psicólogo). Sole es una investigadora mallorquina del grupo de investigación de Genómica Traslacional del Laboratorio de Tumores del Desarrollo del Hospital Sant Joan de Déu en Barcelona. Ubay, que es psicólogo, está opositando a policía local mientras trabaja como chófer. Son dos jóvenes a los que les gusta viajar por el mundo y conocer bien los países y las diferentes culturas y maneras de vivir. En estos viajes Sole tiene la sensación de que siempre se lleva más de lo que ella da. Así que se puso a pensar en qué podía dar ella a la gente de aquellos países que visita. Y una de las cosas, de las pasiones que tiene esta investigadora es, precisamente, la ciencia. Y la ciencia puede ser transmitida de una manera no muy complicada ni costosa.

Por otra parte, siempre habían querido ir a Camboya, puesto que es un país que combina una cultura budista milenaria, arqueología, naturaleza… Así que con la idea de viajar y combinar ese viaje con aportar algo a Camboya y su gente, iniciaron una búsqueda de ONGs por internet. Sole se puso en contacto con Juntos por Camboya, que es una ONG fundada y dirigida por Lidia Ginesta que permite hacer un voluntariado digamos no de turismo, sino que exige algo real que puede ser transmitido, no una experiencia que se lleva el que la hace, sino algo útil para la gente de allí.

Camboya es un país en vías de desarrollo, donde la escolarización no es obligatoria y es muy frecuente el trabajo infantil. Tras casi dos décadas de guerras y conflicto, finalizados en 1989, es un país con enormes desigualdades, acentuadas sobre todo en las zonas rurales. El principal objetivo de la ONG es dotar de un hogar seguro y educación a niños de todas las edades en estado de abandono o vulnerables por diferentes causas, para que al crecer se conviertan en adultos responsables y miembros productivos para la comunidad. La principal peculiaridad de Juntos por Camboya es que tiene programas de voluntariado abiertos. Es decir, uno puede acudir a ellos con una idea, preparar un proyecto específico que quiera hacer en sus escuelas. Por supuesto, está sometido a la aprobación por parte de la ONG, que lo revisa exhaustivamente.

Aquí podéis ver como la tierra está inundada en época de luvias incluso muy lejos de la costa

Juntos Por Camboya tiene una casa de niños y una escuela. Allí imparten un conocimiento científico de base totalmente teórico, tratando temas de química, física… A Sole y a Ubay se les ocurrió que este conocimiento teórico sería mucho más atractivo para los niños si además lo podían llevar a la práctica, es decir, hacer experimentos que reforzaran y afianzaran los conceptos estudiados en la teoría. Además, ya sabemos que siempre se aprende mucho más si es el alumno el que hace la actividad en vez de ser solo un oyente pasivo.

Pero ¿por qué no se hacía nada práctico? Pues simplemente por falta de formación con los profesores. Así que Sole preparó con alguna ayuda todo un dossier de experimentos de diversos campos científicos que se podrían realizar a lo largo de una semana, cada día para un tema. Esto parece fácil, pero pensad que tuvieron que buscar experimentos no peligrosos, adecuados para niños de una determinada edad y con material sencillo de conseguir in situ. Además, todo este dossier estaba preparado para que ellos dos se los enseñaran a los profesores, no directamente a los alumnos. Es decir, no se trataba de que puntualmente van un par de occidentales a la escuela, les enseñan algo a los alumnos que estén allí en ese momento y ya está. No, la idea era formar a los profesores, y que estos luego lo pudieran aplicar en sus clases a lo largo del año. Por lo tanto, Sole y Ubay además tuvieron que escribir todos los experimentos de tal manera que los profesores tuvieran una especie de guía a la que acudir en cualquier momento que necesitasen.

Y UNA VEZ PREPARADO TODO, ¡A CAMBOYA!

A finales de septiembre de 2019 nuestros dos protagonistas cogieron los petates y pusieron rumbo a Camboya. Dei Koma, que es como se llama (Tierra Niños), es la casa de la ONG. Pero en realidad es mucho más que una casa. Tiene, efectivamente, un centro residencial, pero también un centro educativo y un centro deportivo. Lo primero que les sorprendió al llegar fueron los contrastes. Así, no hay pavimento, sino que todo el suelo es de fango rojo. Pero por otro lado en el jardín de la casa los niños han desarrollado un cultivo acuapónico para autoabastecerse, alimentado con energía solar.

 

Los niños, con la ayuda de los cuidadores y profesores son los encargados de todo el cultivo, así como de solucionar las contingencias que surjan en el cultivo Así, por ejemplo, tenían problemas con los insectos en los cultivos y fueron ellos mismos los que solventaron la situación, como podéis ver en la imagen.

 

Una vez allí, Sole y Ubay tuvieron interacción exclusivamente con las profesoras. No se puede acceder a los niños, por cuestiones de privacidad e intimidad, salvo que ellos mismos se quieran acercar a ver lo que están haciendo los visitantes y voluntarios. El contacto de nuestros protagonistas era un Sonny, una alumna de los últimos años que actualmente se había convertido en profesora. Se trata de una persona que tiene las cosas muy claras y en la que ha calado claramente la filosofía de la ONG. Quiere estudiar medicina en Estados Unidos, concretamente neurocirugía. ¿Por qué? Pues porque en Camboya todo el mundo va en moto… pero no lleva casco, por lo que las lesiones cerebrales son, por desgracias, habituales. La idea de futuro de Sonny, que habla perfectamente inglés, es montar una unidad de neurocirugía en Camboya. Sería la primera del país. Para ello ha escrito ya a Stanford, para saber cuánto dinero costaría montar una unidad así de especializada y se ha puesto ya a buscar patrocinadores.

A Sonny y a otros profesores es a los que Sole y Ubay les explicaron los experimentos que habían preparado. Entre ellos había experimentos de diversos campos de la ciencia:

  • Física: vasos comunicantes, el principio de Pascal, el principio de Arquímides, experimentos sobre la presión atmosférica y la transmisión del sonido en el aire…
  • Química: ensayos de saponificación (fabricación de jabones), reacciones ácido base para hinchar globos…
  • Tecnología: fabricación de vehículos movidos por energía solar, de un horno solar, mostrar lo que es la electricidad estática…
  • Biología: extracción casera de ADN, observación de tejido vegetal al microscopio, revelado de huellas dactilares…

Lo que más costó a los profesores fue entender la parte de física, que es algo más complejo y quizás menos intuitivo.

Personalmente tanto Sole como Ubay acabaron encantados de la experiencia. Tienen la sensación de que lo que han hecho realmente vale para algo. Es algo que notaron cuando por ejemplo les explicaron que tuvieron con anterioridad a unos dentistas y que desde que ellos vinieron, todos los niños se lavan los dientes todas las mañanas entre las 9:00 y las 9:05. Así que esperan y están seguros de que los conocimientos que ellos han transferido a los profesores acabarán siendo útiles a los niños. Por otra parte, los camboyanos son, según nos cuenta Sole, extremadamente sonrientes, y amables, aunque tímidos y la convivencia con ellos ha sido muy agradable. Y, sí, sin duda, repetirán la experiencia. De hecho, ya han propuesto el mismo proyecto una ONG que trabaja en campos de saharauis.

By | 2020-04-28T10:49:24+00:00 abril 28th, 2020|Divulgación, Opinión, portada|0 Comments

About the Author:

Alberto Morán
Licenciado en farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realicé mi tesis doctoral en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia. Posteriormente hice un Máster en Dirección de Empresas Biotecnológicas. Trabajé casi un año en una consultoría de biotecnología. Posteriormente fui investigador y docente en la Universidad Complutense de Madrid durante siete años. Mi carrera investigadora se desarrolló en el estudio de los mecanismos moleculares del cáncer (colon y pulmón esencialmente). En noviembre de 2012 abandoné definitivamente el laboratorio. En la actualidad soy titular de una oficina de farmacia.

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