La enfermedad celiaca es la reacción adversa a los alimentos más frecuente en los países occidentales. Se trata de una intolerancia alimentaria en individuos genéticamente susceptibles a la ingesta del gluten de determinados cereales como son el trigo, la cebada, el centeno y algunas variedades de avena, pero no todas.

Es una enfermedad crónica y, por tanto, para toda la vida. Dado que no existe una cura, su único tratamiento es el seguimiento de una dieta estricta sin gluten de por vida. Esto último, sin embargo, no siempre es sencillo de cumplir ya que se estima que casi el 50% de los pacientes con enfermedad celiaca hacen transgresiones en la dieta, ya sea de forma voluntaria o involuntaria.

Incidencia de la enfermedad

Se estima que la prevalencia de la enfermedad en la población caucásica en los países occidentales es del 1%.

En los últimos años, sin embargo, se ha observado un aumento de la incidencia, aunque esto no debe confundirse con un aumento de la prevalencia sino con que por cada paciente diagnosticado existen entre 5 y 7 pacientes que no lo están. Por tanto, y dado que cada vez diagnosticamos más y mejor esta enfermedad, esto se traduce en un incremento de la incidencia.

A esto, hemos de sumar además que la prevalencia varía en función de los países. Si bien asumimos una prevalencia general en torno al 1%, la prevalencia en la población saharaui por ejemplo es del 5%.

Por otro lado, existen a su vez casos llamativos, como por ejemplo en la región de Karelia, que se extiende a ambos lados de la frontera entre Rusia y Finlandia. Si bien no existen apenas diferencias culturales, alimenticias o genéticas en ambos lados de la frontera, la parte finesa tiene más del doble de prevalencia de enfermedad celiaca que la rusa. Aunque se desconocen los motivos exactos de estas diferencias, se suelen asociar con la teoría de la higiene y la disminución de la diversidad microbiana de nuestro intestino asociada a los países occidentales. Existen además casos curiosos como la “epidemia sueca”, donde cambios en las recomendaciones de lactancia e introducción del gluten en la dieta en la población pediátrica se traducen en que la prevalencia varía en función de la franja de edad.

Finalmente, pero no por ello menos importante, sí que parece que el aumentado de incidencia detectado en los países en vías en desarrollo es debido a un incremento real en la prevalencia, debido a la occidentalización de los hábitos de vida que implican a su vez la reducción de la diversidad microbiana del intestino ya que, las bacterias del intestino, parecen tener un gran papel en el desarrollo de esta patología.

Detección de la enfermedad

Afortunadamente, en la población pediátrica cada vez se conoce más y mejor el debut de la enfermedad. Suelen ser niños que presentan alteraciones en el tránsito intestinal tras empezar con la ingesta de gluten, además de cólicos, retraso en el desarrollo, etc. Afortunadamente, los síntomas se suelen identificar de forma temprana y el diagnóstico suele ser rápido.

El problema, sin embargo, es en población adulta, ya que presentan una sintomatología mucho más variada y no siempre asociada el intestino. Ese es nuestro objetivo ahora. Identificar los pacientes celiacos adultos ya que además, los marcadores clásicamente utilizados para el diagnóstico no funcionan tan bien en la población adulta. De echo, en población adulta, se suele decir que la enfermedad celiaca debería ser siempre la segunda sospecha si el diagnostico principal por el que el paciente ha acudido al médico ha fallado. Y es precisamente por eso, por la diversas de formas en que se puede presentar en la población adulta.

Diagnóstico

Una vez que se sospecha que un paciente (adulto o pediátrico) puede ser celiaco, lo primero que se suele hacer es solicitar una prueba de genética. Esto es debido a que prácticamente todos los celiacos portan un polimorfismo genético (HLA-DQ2 o HLA-DQ8) que, sin embargo, está presente en el 30% de la población. Esta prueba, por tanto, tiene un alto valor predictivo negativo, por lo que se usa por ejemplo en familiares de primer grado de un celiaco para hacer un seguimiento a aquellos que porten los genes, ya que potencialmente podrían desarrollar la enfermedad. Sin embargo, aquellas personas que no portan estos genes es prácticamente imposible que desarrollen la enfermedad.

serotipos

En paralelo con el análisis genético, se suele pedir un análisis serológico donde se determinan los niveles de un determinado tipo de anticuerpos como son las inmunoglobulinas IgA frente a la transglutaminasa tisular (IgA-TG2). La presencia conjunta de anticuerpos positivos en individuos con una genética susceptible, es un fuerte indicador del diagnóstico. Sin embargo, en los pacientes adultos los niveles de estos anticuerpos no correlacionan tan fácilmente con la presencia de enfermedad, habiendo casos de adultos celiacos que, sin embargo, tienen una serología negativa

En cualquier caso, la prueba definitiva es acudir a un gastroenterólogo, ya sea de adultos o de niños. Una vez ahí, se realizará una endoscopia. Es decir, tomar biopsias del intestino para confirmar que existe una inflamación intestinal. Es en este caso cuando ya podemos finalmente diagnosticar a un paciente como celiaco y se le manda realizar la dieta sin gluten de por vida.

En este punto, se ha de realizar un seguimiento a los pacientes ya que el quinto pilar básico para el diagnóstico (junto con una clínica compatible, genética positiva, serología positiva e inflamación intestinal) es la pérdida de la sintomatología, negativización de los anticuerpos y recuperación del intestino tras el seguimiento de la dieta sin gluten. Es por ello que, actualmente, se habla de para el diagnóstico de la enfermedad, se han de cumplir 4 de las 5 normas ya que por ejemplo hay adultos con anticuerpos negativos.

Dicho esto, existe una pequeña proporción de pacientes que no responden a la dieta sin gluten. Son los pacientes con enfermedad celiaca refractaria, lo cuáles constituyen una entidad diferente y que requieren de una intervención activa e inmunosupresora.

El día a día del enfermo celiaco

Una vez diagnosticados, los enfermos celiacos pueden vivir prácticamente una vida normal. El problema, obviamente, es que deben seguir una dieta estricta sin gluten, lo cuál puede repercutir en la calidad de vida de los pacientes. Una cosa que se observa de forma recurrente es que los pacientes pediátricos se acostumbran mejor a la dieta, ya que se crían con ella y lo adoptan como un hábito de vida. El problema sin embargo es más importante en pacientes adultos, donde suele implicar un cambio abrupto en la dieta y una completa re-estructuración de sus hábitos de vida.

Investigación de la enfermedad celiaca

Sin lugar a dudas, la enfermedad celiaca es una de las enfermedades autoinmunes más conocidas, sino la que más. De hecho, se suele usar como modelo para otras enfermedades autoinmunes como por ejemplo la artritis reumatoide. Hay incluso algunos autores que sugieren que todas las enfermedades autoinmunes podrían ser disparadas por factores externos, como el consumo de gluten en la celiaca.

Relativo a su diagnóstico, los parámetros están claros y definidos desde hace años. La revolución sin embargo ha sido en los últimos con la posibilidad de determinar de forma fehaciente si un paciente se encuentra realmente siguiendo de forma correcta la dieta sin gluten gracias a la detección de fragmentos de gluten en heces u orina. Esto, obviamente, ha supuesto una enorme ventaja para poder ayudar a diagnosticar mejor a los pacientes refractarios, ya que no presentan mejoría clínica pese a que se puede confirmar que realmente se encuentran siguiendo la dieta sin gluten.

Posible tratamiento

Lamentablemente, parece muy difícil poder desarrollar un fármaco que “revierta” la enfermedad debido a la implicación del sistema inmune. Sin embargo, existen varios abordajes que lo que buscan es desarrollar “una pastilla” para la enfermedad celiaca, no tanto para “curar”, sino para permitir una ingesta controlada de gluten. Esta pastilla funcionaría de forma similar a la que toman los pacientes con intolerancia a la lactosa, buscando que los pacientes puedan consumir gluten de forma controlada por ejemplo en eventos sociales, viajes, etc. Si embargo, y si bien existen varios ensayos clínicos en marcha al respecto, lamentablemente todavía no existe ningún fármaco en este sentido que esté cerca de salir al mercado.

Investigación en el Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM, Universidad de Valladolid-CSIC)

Nuestro laboratorio está centrado en el estudio del sistema inmune del intestino en general, centrándonos tanto en la enfermedad celiaca como en la enfermedad inflamatoria intestinal, que incluye a la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

Relativo a la enfermedad celiaca, actualmente tenemos en marcha dos abordajes diferente. Por un lado, nos encontramos estudiando a los linfocitos intraepiteliales de la mucosa intestinal. Estos linfocitos son relevantes para el diagnóstico, ya que se encuentran alterados en los pacientes y nos ayudan a identificar si un paciente presenta inflamación no celiaca, inflamación celiaca, o si por el contrario se trata de un paciente celiaco latente o en remisión (es decir, que se encuentra siguiendo de forma correcta la dieta sin gluten). Además de dar apoyos a diversos hospitales para ayudar en el diagnóstico de los pacientes, en nuestro laboratorio estamos interesados en tratar de comprender qué hacen estas células y cuál es su implicación en el desarrollo de la enfermedad.

Por otro lado, también estamos centrados en estudiar los macrófagos de estos pacientes. Estudios previos han demostrado la tremenda relevancia que estas células del sistema inmune tienen en la enfermedad inflamatoria intestinal. Sin embargo, su implicación en el desarrollo de la enfermedad celiaca es prácticamente desconocido, motivo por el que también estamos interesados en conocer la implicación de estas células en la enfermedad.