Un importante avance para comprender la metástasis… y derrotarla

La metástasis es la principal causa de muerte por cáncer. Sí, aunque a algunos os sorprenda, el 90% de las personas con cáncer no mueren a causa del cáncer primario, sino por una metástasis derivada de ese tumor primario. El problema viene porque el cáncer se disemina por el cuerpo y coloniza localizaciones anatómicas lejanas. Hablando más claro, podemos decir que el proceso comienza cuando surge un tumor primario en un órgano. Algunas células de ese tumor se separan y se van a otras partes del cuerpo, a otros órganos. Allí regeneran un nuevo tumor, lo que se llama metástasis. Y esta metástasis es la que generalmente provoca la muerte.

Que se dé la metástasis no es, sin embargo, algo fácil para el tumor, porque nuestro cuerpo tiene muchas y buenas defensas. En primer lugar, unas cuantas células del tumor original deben separarse de él. Luego han de atravesar el tejido que las rodea e introducirse en los vasos sanguíneos o linfáticos. Tienen que sobrevivir a los ataques del sistema inmune mientras “nadan” en la sangre. Después han de llegar a otro órgano, salir de esos vasos sanguíneos e implantarse en ese órgano para multiplicarse y dar lugar al nuevo tumor, a la metástasis. Solo un porcentaje muy pequeño de las células que se liberan del tumor logran tener “éxito” en la formación de una metástasis. Sin embargo, una vez que logran metastatizar, es muy difícil atacarlas.

Las células iniciadoras de la metástasis tienen propiedades similares a las de las células madre y es su capacidad para permanecer “escondidas” a los tratamientos y regenerar tumores lo que provoca los fallos terapéuticos con la consecuencia final del fallecimiento del paciente. Hasta ahora no se conoce bien el origen de estas células, su relación con el tumor primario ni como lograban sobrevivir al proceso que hemos descrito antes para formar una metástasis.

¿QUÉ HAN DESCUBIERTO?

El nuevo trabajo del grupo del Dr. Massagué, del Sloan Kettering Institute de Nueva York, describe por primera vez el origen de estas células iniciadoras de metástasis en humanos. El artículo, publicado en Nature Cancer, demuestra que las células que expresan L1CAM en el tumor primario, en este caso cáncer colorrectal, son capaces de iniciar la metástasis y además están relacionadas con la regeneración de tejidos.

L1CAM es la molécula de adhesión celular L1, identificada inicialmente como una molécula que participa en la adhesión de las neuronas. Este grupo de investigación ya demostró recientemente que se trata de un componente esencial para que las células cancerosas diseminadas de diversos tipos de tumores, entre ellos mama, pulmón, riñón o colon, inicien la proliferación en otros órganos, como cerebro, pulmón, hígado y hueso. Estas células tumorales utilizan L1CAM para adherirse a la superficie de los capilares sanguíneos y disparar así un mecanismo que provoca el inicio del crecimiento metastásico.

Cómo y cuándo adquieren la capacidad para expresar L1CAM estas células iniciadoras de metástasis, es algo que hasta ahora no se sabía.

En este trabajo han demostrado que esta molécula no es estrictamente necesaria para la formación de adenomas, pero sí para la propagación del carcinoma, la colonización metastásica del hígado y la quimiorresistencia.

¿CÓMO LO HAN HECHO?

Los investigadores han utilizado muestras de tumores primarios de pacientes de cáncer colorrectal y también de metástasis hepáticas de esos mismos tumores, modelos murinos (ratones) de colitis y de cáncer colorrectal, así como líneas celulares.

Por medio de inmunohistoquímica, determinaron que L1CAM no se expresa en las células del epitelio normal intestinal. Sin embargo, sí detectaron la molécula en algunas células cancerosas en el frente invasivo del tumor primario de pacientes de cáncer colorrectal, así como, en mayor cantidad, en las metástasis. En pacientes que ya habían recibido quimioterapia las células tumorales residuales tras la resección quirúrgica del tumor también expresaban fuertemente L1CAM.

Por medio de una serie de experimentos un poco complejos, lograron determinar que las células tumorales que expresaban altos niveles de L1CAM eran capaces de provocar metástasis, mientras que las que lo tenían bajo o ausente no lo hacían.

Además, también demostraron que L1CAM es una molécula que se expresa cuando se produce una herida en el epitelio intestinal y se va a regenerar. Se trata por tanto de un componente esencial en la regeneración tisular en las células normales.

La pérdida de integridad del epitelio induce la expresión de L1CAM durante la curación de heridas y la invasión tumoral. Imagen tomada del artículo al que se refiere el post

En resumidas cuentas, lo que nos explica este trabajo es que las células tumorales que van a iniciar la metástasis emplean para ello un mecanismo que es el mismo que utiliza nuestro cuerpo para regenerar heridas, puesto que una herida no es más que un epitelio dañado.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?

Gracias a este trabajo ahora sabemos quiénes son las células que se liberan del tumor primario y que pueden llegar a formar una metástasis. Conocerlas es el primer paso para poder diseñar tratamientos para acabar con ellas.

Según palabras del propio Massagué, ahora podemos ver que la metástasis es “la regeneración del tejido equivocado, el tumor, en el lugar equivocado, los órganos vitales distantes”. Por otra parte, este trabajo también nos hace ver que las metástasis no se inician por nuevas mutaciones, como pasa en los tumores primarios, sino reactivando genes que no están mutados, pero estaban inactivos.

Este trabajo da, por tanto, un paso importantísimo para ayudarnos a prevenir la metástasis eliminando la enfermedad residual que queda tras el tratamiento.

 

About the Author:

Alberto Morán
Licenciado en farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realicé mi tesis doctoral en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia. Posteriormente hice un Máster en Dirección de Empresas Biotecnológicas. Trabajé casi un año en una consultoría de biotecnología. Posteriormente fui investigador y docente en la Universidad Complutense de Madrid durante siete años. Mi carrera investigadora se desarrolló en el estudio de los mecanismos moleculares del cáncer (colon y pulmón esencialmente). En noviembre de 2012 abandoné definitivamente el laboratorio. En la actualidad soy titular de una oficina de farmacia.

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