Reposicionamiento de fármacos: la Viagra no era para lo que se utiliza ahora

Hace no muchas semanas publicamos en Dciencia un post en el que os hablábamos de como la tristemente famosa talidomida se está ahora empleando para el tratamiento del mieloma múltiple. También es muy conocido que el medicamento para la disfunción eréctil más famoso del mundo no se concibió inicialmente para esa disfunción, sino para la angina de pecho. Estos son solo dos ejemplos de reposicionamiento de fármacos. En este post vamos a explicaros un poco más qué es esto del reposicionamiento de fármacos, porque es algo que está bastante en boga en la actualidad y vamos a daros algunos otros ejemplos.

¿QUÉ ES?

El reposicionamiento de fármacos (repositioning) no es otra cosa que la identificación y el desarrollo de nuevos usos (nuevas indicaciones terapéuticas) para fármacos ya existentes. Es decir, hablando muy sencillo, coger un fármaco que se utiliza para el tratamiento de una enfermedad determinada y estudiar si funciona para otra distinta.

Se puede tratar de medicamentos ya aprobados para otro uso, medicamentos retirados ya del mercado (por efectos adversos, baja eficacia…) o fármacos que nunca fueron aprobados puesto que se quedaron en alguna de las fases de los ensayos clínicos sin llegar a comercializarse.

¿POR QUÉ SE HACE?

Básicamente hay que tener en cuenta dos situaciones que se han dado en las últimas décadas. Por un lado, los avances producidos en investigación. Cada vez conocemos mejor las enfermedades, están más caracterizadas y vamos descubriendo sus alteraciones moleculares y las rutas de señalización implicadas. Así, si sabemos que un medicamento actúa sobre una ruta o una molécula concreta y ahora ya sabemos que en otra enfermedad esa misma ruta está alterada, quizás podamos emplear ese medicamento para esta otra enfermedad que antes no teníamos tan caracterizada.

Por otro lado, tenemos que situarnos en el contexto de la industria farmacéutica. En las últimas décadas el volumen de nuevos fármacos descubiertos ha disminuido notablemente si lo comparamos con todo el siglo XX, fundamentalmente desde los años 30 hasta los 80-90. Sin embargo, la inversión en investigación y desarrollo continúa aumentando de manera constante. Es en este marco donde surge la estrategia del reposicionamiento de fármacos. La principal ventaja que supone el reposicionamiento tiene carácter empresarial. Desarrollar una molécula totalmente nueva para una enfermedad concreta implica un coste muy elevado tanto en dinero como en tiempo. Se estima que, si se parte de cero, el desarrollo de un nuevo medicamento lleva de diez a quince años hasta que está en el mercado (aunque actualmente se está acortando un poco esos plazos) y un coste (muy variable también) de más de mil millones de dólares. Esta estimación incluye también el hecho de que muchas de las moléculas que se investigan “se quedan en el camino”, puesto que no son tan eficaces como se esperaba, tienen efectos secundarios indeseables o presentan cualquier otro tipo de problemas que implican que no se puedan comercializar.

 

El reposicionamiento de fármacos presenta fundamentalmente tres grandes ventajas con respecto a la investigación y el desarrollo clásicos:

  1. Tiempo: acorta el proceso de desarrollo de un fármaco en unos cinco o seis años.
  2. Coste: implica un gran ahorro en el coste del desarrollo del fármaco.
  3. Riesgo: disminuye el riesgo de que el fármaco finalmente no salga al mercado, no sea válido.

Tiempo. En estas moléculas no es necesario, en general, realizar las pruebas de toxicidad y seguridad dado que ya se realizaron previamente, salvo que para la nueva indicación la dosis a emplear sea mayor de la que era habitual con su indicación original. Así, se pasa generalmente directamente a la fase II de los ensayos clínicos, a comprobar la eficacia del fármaco para la nueva indicación terapéutica.

Fases hasta que llega un medicamento al mercado en el caso de la I+D clásica y en el caso de reposicionamiento (Nature)

 

Coste. Como se ha comentado antes, el coste estimado de sacar al mercado una molécula totalmente nueva se estima en más de mil millones de dólares, mientras que si se trata de un fármaco “reposicionado” hablamos de unos 300 millones de dólares. La diferencia es significativa y es importante, puesto que no solo significa mayores beneficios para la compañía farmacéutica, sino la posibilidad de dedicar esfuerzos a enfermedades raras, con pocos pacientes. Además, el coste también disminuye para el paciente, lo cual permite que más personas se puedan beneficiar de estos avances.

Riesgo. Cuando se hacen estudios para reposicionar un fármaco se trata de medicamentos que ya llevan tiempo en el mercado, por lo que existe ya mucha información de seguridad y calidad del producto, lo cual disminuye las posibilidades de que el fármaco se “caiga” en los ensayos clínicos y no llegue al mercado. De hecho, se estima que las probabilidades de que una molécula totalmente nueva llegue al mercado son de menos del 8% (según algunos estudios del 2%). Estas tasas son mayores en el caso de reposicionamiento de fármacos, pese a que no hay una estimación cuantitativa fiable.

¿ES HABITUAL?

Existen diversas estimaciones, pero según un estudio de 2014 el reposicionamiento de fármacos supone ya un 30% de las aprobaciones de medicamentos y vacunas por parte de la FDA en los últimos años. Las ventas anuales para este tipo de productos se estiman en unos 500 mil millones de dólares. Podemos afirmar por tanto que sí, es una práctica habitual y cada vez más.

Hay que tener en cuenta también una práctica clínica que el denominado off-label, que consiste en administrar medicamentos para una enfermedad cuando no han sido aprobados para esta indicación terapéutica. Obviamente, esta práctica está íntimamente relacionada con la estrategia de reposicionamiento. Así, se sabe que el 68% de los medicamentos utilizados para tratar a pacientes de cáncer de mama y el 95% de los empleados para pacientes de cáncer de pulmón en Estados Unidos no habían sido aprobados por la FDA para estas indicaciones terapéuticas.

Actualmente, esta estrategia de desarrollo de fármacos es muy habitual sobre todo para enfermedades raras o poco frecuentes. Se trata de enfermedades con pocos pacientes en el mundo por lo que para las compañías farmacéuticas no suele ser muy rentable realizar un proceso de investigación y desarrollo de fármacos clásico. El reposicionamiento de fármacos ofrece unos ahorros de tiempo y dinero que pueden suponer un importante estímulo para que las empresas centren su atención en estas enfermedades.

¿CÓMO SE HACE?

Lo más habitual actualmente es emplear la bioinformática para realizar esta búsqueda de una posible nueva indicación terapéutica para una molécula “vieja”. Lo que se hace es buscar, por medio de programas informáticos, coincidencias entre estructuras y funciones de proteínas de enfermedades con medicamentos ya conocidos. Existen multitud de aproximaciones informáticas a este tema, como el uso de librerías de compuestos, identificación de nuevas dianas, etc…pero eso ya daría para otro post entero.

Por otra parte, existen numerosos ejemplos de reposicionamiento de fármacos que se basan en la casualidad, o, mejor dicho, en la capacidad de observación de los investigadores, que al detectar algún efecto secundario de un fármaco deducen que ese efecto secundario puede ser beneficioso en otra enfermedad diferente.

ALGUNOS EJEMPLOS

Os contamos ahora solo unos pocos ejemplos llamativos.

Sildenafilo (Viagra). Uno de los ejemplos más conocidos de esta estrategia para sacar fármacos al mercado es el del sildenafilo, cuyo nombre comercial es Viagra©, del laboratorio Pfizer. Inicialmente, a mediados de los 90 esta molécula estaba en ensayos clínicos en el Reino Unido para determinar su eficacia en problemas cardíacos, concretamente angina de pecho e hipertensión pulmonar. En esos ensayos no se logró determinar una gran eficacia en la angina de pecho, pero los investigadores sí observaron que en los pacientes varones se producían llamativas erecciones. A partir de aquí, el resto de la historia es conocida. Viagra se convirtió en un superventas para la disfunción eréctil en todo el mundo.

Duloxetina. Se trata de un medicamento que está actualmente en el mercado como antidepresivo. Tiene un uso bastante extendido en España, tanto el medicamento de marca (Cymbalta©) como el genérico. Sin embargo, la FDA aprobó su uso para la incontinencia urinaria de esfuerzo.

Amantadina. Medicamento desarrollado en los años 60 como antivírico, concretamente se utilizaba para infecciones respiratorias provocadas por el virus de la influenza (gripe). Actualmente está aprobado para el tratamiento de las complicaciones motoras del Parkinson (discinesia). Todo viene de una paciente que al tomar este medicamento experimentó una mejoría importante de sus síntomas de Parkinson.

Finasterida. Originalmente era un medicamento desarrollado para el cáncer de próstata, pero se reposicionó para el tratamiento de la alopecia (para la caída del pelo).

 

Aquí tenéis una tabla con un amplio listado de fármacos que han sido reposicionados.

Tabla tomada de Therapeutic Drug Repurposing, Repositioning and Rescue Part I: Overview. By Dr Stephen Naylor & Judge M. Schonfeld Drug Discovery World. Accesible en https://www.ddw-online.com/drug-discovery/p274232-therapeutic-drug-repurposing:-repositioning-and-rescue-winter-14.html

 

Fuentes:

By | 2020-03-03T07:37:29+00:00 marzo 3rd, 2020|Dciencia Medicina, Divulgación, Investigación, portada, Temas|0 Comments

About the Author:

Alberto Morán
Licenciado en farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realicé mi tesis doctoral en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia. Posteriormente hice un Máster en Dirección de Empresas Biotecnológicas. Trabajé casi un año en una consultoría de biotecnología. Posteriormente fui investigador y docente en la Universidad Complutense de Madrid durante siete años. Mi carrera investigadora se desarrolló en el estudio de los mecanismos moleculares del cáncer (colon y pulmón esencialmente). En noviembre de 2012 abandoné definitivamente el laboratorio. En la actualidad soy titular de una oficina de farmacia.

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