Nobel de Economía 2025: la innovación estimula el crecimiento
El Nobel de Economía 2025 se ha concedido al historiador Joel Mokyr, y a los economistas Philippe Aghion y Peter Howitt por sus trabajos sobre cómo la innovación estimula el crecimiento. Mokyr ha recibido la mitad del premio por identificar los requisitos previos necesarios para que se dé un crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico, y los economistas Aghion y Howitt la otra mitad por formular la teoría del crecimiento sostenido a través de la “destrucción creativa”.
La ciencia económica (neoclásica) está construida sobre un concepto, el de competencia perfecta. Al identificar competencia con ajuste de precios se propicia y justifica la desregulación total (neoliberalismo) porque cualquier marco regulatorio se entiende como un obstáculo para el ajuste de precios. El empresario es un agente pasivo, precio aceptante, cuando hay competencia. Lo que son estrategias para competir -diferenciación de producto, integración vertical, diversificación de productos y la innovación propiamente dicha- paradójicamente se interpretan como formas de restricción de la competencia y no es así, todo lo contrario.
Lo de la “destrucción creativa” es una idea desarrollada por Schumpeter a mediados del siglo pasado. El crecimiento económico surge a través de “la destrucción creativa”: innovaciones que reemplazan tecnologías anteriores y convierten en obsoletas a las viejas empresas y sus métodos. Este proceso de creación y destrucción de empresas dinamiza la economía: el progreso económico implica que algunas empresas pierdan y desaparezcan, mientras otras empresas innovadoras ganan y prosperan, propiciando así la innovación y el crecimiento.

Esa idea no cuestiona el concepto de competencia, de hecho, lo reafirma, pues entiende que cualquier cambio, cualquier innovación como si fuera un fenómeno extraordinario. En consecuencia, una estrategia competitiva como la diferenciación de producto (un tipo de innovación) no la concibe como tal sino como una ruptura del equilibrio de la competencia perfecta, Esto genera un monopolio hasta que todos los demás lo imitan y se vuelve a la competencia (perfecta). Esta concepción propicia no la mejora de la calidad de los productos (bienes y servicios) sino el crecimiento indefinido, sin límites, no sólo porque no hay reglas que respetar sino porque implícitamente se está suponiendo que cualquier innovación se traduce en un coste-precio más reducido y por eso las empresas que no igualan su precio al coste medio y marginal más reducido se ven expulsadas del mercado.
Los Premios Nobel de Economía 2025 explican algo esencial: el progreso tecnológico no es suficiente. La innovación solo florece en sociedades abiertas a nuevas ideas y dispuestas a aceptar cambios. La Revolución Industrial no surgió simplemente de nuevas máquinas, sino porque Europa comenzó a romper privilegios y abrazar el cambio.
Cuando se conceden monopolios o se protegen y privilegian ciertas empresas, la innovación se ralentiza o incluso se impide. El ingenio no es el problema; los privilegios y protecciones sí lo son.
La lección de los premios Nobel es clara: La innovación no requiere más control, sino más libertad. El crecimiento no surge del privilegio, sino de la competencia. La expectativa de beneficios futuros es lo que impulsa a las empresas y a los emprendedores a innovar. Cuando hay empresas dominantes que bloquean la entrada de competidores, aquellas pueden mantener sus beneficios sin necesidad de innovar. Por el contrario, con competencia, las empresas líderes tienen que seguir innovando para mantener su posición y nuevas empresas innovadoras pueden tener oportunidad de entrar y hacerse fuertes en el mercado. Aunque también ocurre que cuando hay competencia “excesiva” pueden reducirse los incentivos a innovar porque los beneficios de hacerlo son inmediatamente capturados por otros empresarios e innovadores.
Este mensaje es tan relevante hoy como siempre, si me apuran, especialmente ahora cuando el crecimiento económico se ha reducido en las economías más avanzadas. Las dificultades para innovar y sostener un crecimiento elevado se han convertido en una prioridad de política económica europea El informe Draghi, sin duda inspirado en estos trabajos, diagnostica con dureza las restricciones institucionales y la falta de inversión en innovación en Europa.
Además, en los últimos tiempos, asistimos asombrados a la imposición de barreras comerciales, liderada por Estados Unidos, que suponen una reducción de la competencia internacional a través del proteccionismo. También, contra toda lógica económica, en ese país se restringen las políticas de apoyo a la investigación y la innovación, así como la atracción de talento extranjero.
Por otra parte, algunas tendencias económicas actuales también enlazan directamente con la relación entre innovación y crecimiento. Por un lado, el fantasma de la inteligencia artificial (IA), aunque ya nos la están vendiendo, será una innovación que cambiará sustancialmente tanto el avance científico y tecnológico como el empleo y los procesos económicos, y tiene el potencial de impulsar el crecimiento. La, más que previsible, crisis climática y la consecuente transición hacia una economía verde y sostenible también requiere de urgentes innovaciones tecnológicas y sociales. Y en el ámbito financiero se está dando una revolución en los sistemas de pagos, con la digitalización financiera, que está cambiando el modo en el que usamos el dinero y manejamos nuestras finanzas. Como dice Miguel A. Fernández Ordoñez, liberalizar la banca y eliminar los derechos que protegen a los bancos, no es una utopía, es una condición necesaria para que el progreso tecnológico llegue al sistema financiero, al igual que una vez transformó las telecomunicaciones y el transporte.

