En agosto de 1920 nació en Roanoke, Virginia, una niña a la que sus padres llamaron Loretta. La familia Pleasant era, como tantas otras familias negras de Virginia, muy numerosa y pobre. No sabemos muy bien la razón, pero en algún momento alguien decidió cambiarle el nombre a Loretta y llamarla Henrietta. Cuatro años después, la madre de Henrietta falleció durante el parto de su décimo hijo. El padre no se veía capacitado para cuidar a tantos niños y los repartió entre varios familiares. Henrietta se fue a vivir a casa de su abuelo paterno en Clover, a unos 100 kilómetros de Roanoke. Era una casa de dos habitaciones que había sido alojamiento de esclavos. Allí trabajaba en una plantación de tabaco y compartía habitación con varios primos. Entre ellos estaba David “Day” Lacks, con el que se casaría en 1941. Antes de casarse, con solo 14 años, tuvo a su primer hijo. Y con 18, a su primera hija. Tras casarse tuvo tres hijos más. En 1943 Henrietta y sus hijos se mudaron a Maryland, donde estaba trabajando David.

Imagen del libro Immortal Life of Henrietta Lacks by Rebecca Skloot (New York: The Crown Publishing Group, a division of Random House, Inc., 2010). Tomada de https://edu.lva.virginia.gov/changemakers/items/show/30

A los 29 años, tras tener a su quinto hijo, Henrietta empezó a tener unos dolores en el vientre y a sufrir sangrados entre las menstruaciones. Pero no fue hasta febrero de 1951 cuando Henrietta ingresó en el Hospital Johns Hopkins, el único de la zona que trataba a personas negras. El diagnóstico era cáncer de cuello de útero. Durante los meses siguientes Henrietta recibió sesiones de radio y de quimioterapia, pero no surtieron efecto. El tumor se extendió y los dolores se hicieron cada vez más fuertes, lo que la llevó a ingresar de nuevo a ingresar en el hospital en agosto de 1951. Finalmente, a las 12.15 horas del 4 de octubre de 1951, a los 31 años, Henrietta Lacks falleció.

¿Y por qué os hablamos de Henrietta Lacks en un blog de divulgación científica?

Casi cualquiera que haya pasado con un laboratorio de investigación en el que se trabaja con cultivos celulares habrá utilizado o al menos oído hablar de las células HeLa. En mi caso particular es con las primeras células con las que trabajé y con las que aprendí a manejarme en un laboratorio de cultivos. Pues bien, estas células HeLa no son otra cosa que células que vienen del cáncer de cuello de útero de Henrietta Larks.

Setenta años después de su fallecimiento, seguimos utilizando las células de Henrietta para investigar. De hecho, hay tal cantidad de células HeLa en los laboratorios de todo el mundo que se estima que, si alineásemos todas las que se han cultivado hasta ahora, la línea daría más de tres vueltas a la Tierra y tendría un peso de más de 50 toneladas.

Células HeLa (Tom Deerinck, National Center for Microscopy and Imaging Research. NIH. Tomado de https://www.flickr.com/photos/nihgov/34948768633)

 

¿Cómo y por qué han llegado las células de Henrietta hasta nosotros?

Antes de comenzar el tratamiento de Henrietta, los médicos, concretamente George Gey, obtuvieron una biopsia del tumor y a partir de él lograron realizar un cultivo en placas Petri. George y Margaret Gey trabajaban con cultivos de tejidos y cultivos celulares y su objetivo era obtener un cultivo de células humanas que continuase vivo una vez fuera del organismo. Querían lograr esto como herramienta para investigar el cáncer. La biopsia se realizó el día 8 de febrero de 1951 y las células se cultivaron en treinta pases hasta el 31 de mayo de 1952. Un pase es levantar las células de una placa Petri, generalmente cuando se empieza a llenar y pasar esas células en suspensión a nuevas placas, donde las células se dividirán y seguirán creciendo… si todo va bien. En esa fecha se envió una muestra a la Universidad de Minnesota que se convirtió en el cultivo stock inicial de células HeLa y de esta manera, las células de Henrietta Lacks se convirtieron en la primera línea celular humana.

En 1952 se publicó un artículo en el que se hablaba por vez primera de estas células Hela, pero fue con otro artículo de 1953 cuando realmente se dan a conocer. En este segundo artículo, firmado por investigadores de la Universidad de Minnesota en Minneapolis y del Hospital Johns Hopkins de Baltimore, se daba cuenta de la propagación del virus de la poliomielitis en las células HeLa.

Hasta ese momento se había intentado cultivar en el laboratorio células humanas, pero no crecían o lo hacían muy lentamente. El matrimonio Gey llevaba tiempo trabajando en ello, pero no lograban que las células vivieran más allá de unos días en las placas Petri. Esto era debido al conocido como límite de Hayflick, que estipula que una célula no es capaz de vivir más allá de un número finito de divisiones (generalmente en torno a 50 divisiones). Cuando una célula alcanza este límite, entre otros hechos relevantes, sus telómeros se han acortado demasiado y eso impide que se pueda dividir más. Entonces las células se mueren por medio del mecanismo de apoptosis (también llamado muerte celular programada). Para sorpresa de los Gey, las células de Henrietta superaron este límite y siguieron dividiéndose. Las células, que enseguida fueron llamadas HeLa se dividían sin parar. Y lo siguen haciendo en la actualidad. Tan rápido que son capaces de duplicar su número en menos de 24 horas.

¿Cómo son?

Lo primero que tenemos que recordar es que las células HeLa son células cancerosas. Como tal, han acumulado cientos de mutaciones. Tantas, que como dato curioso, tienen 80 cromosomas en vez de los 46 que tiene una célula humana normal. Su característica más importante, como hemos señalado anteriormente, es que son “inmortales” y que se multiplican con una velocidad extraordinaria.

El hecho de que sean inmortales se debe a la actividad inusitada de una enzima llamada telomerasa. Esta enzima va reconstruyendo los telómeros después de cada división. Los telómeros, clásicamente, se asemejan a los topes de plástico que hay en los cordones de los zapatos. En cada división estos topes se van acortando, hasta que llega un momento en que, si son demasiado cortos, la célula no puede seguir dividiéndose, se ha hecho demasiado vieja (los cordones se “deshilachan”). En las HeLa, los telómeros no se acortan.

La razón de que se multipliquen tan rápido viene dada, probablemente, por la integración del virus del papiloma humano (HPV) cerca del protooncogén c-myc. Esto provocó su activación y aumentó el ritmo de crecimiento de las células.

¿Para qué se usan las células Hela?

Desde el primer estudio de replicación del virus de la polio, las células HeLa se han empleado en laboratorio para miles de investigaciones. Es imposible citar aquí para todo para lo que se han utilizado, puesto que solamente hasta el año 2013 se habían publicado más de 70.000 artículos científicos en los que se empleaban las células HeLa como herramienta y se estima que cada mes se publican unos 300 nuevos. Existen unas 11.000 patentes en las que aparecen estas células. Aun así, os queremos poner algunos ejemplos a continuación.

  1. Obtención de la vacuna de la polio. Las células HeLa, después del trabajo de Gey con el virus de la polio, sirvieron a Jonas Salk para fabricar la primera vacuna contra esta enfermedad.
  2. Estudios sobre cáncer. Son innumerables, pero, por ejemplo, Zur Hausen recibió el premio Nobel de Medicina de 2008 por sus estudios sobre la relación entre el virus del papiloma humano y el cáncer de cuello de útero y para ello empleó, entre otras herramientas, las células HeLa.
  3. Estudios sobre biología celular. Por ejemplo, los estudios que condujeron al descubrimiento de la telomerasa también implicaron a las HeLa.
  4. Efectos de la radiación. El ejército de Estados Unidos estudió el efecto de sus experimentos atómicos en células Hela.
  5. Viajes espaciales. Pues sí, aunque nos parezca increíble, en algunas de las primeras misiones espaciales se incluían cultivos de estas células, para estudiar los efectos de la ausencia de gravedad, entre otras cosas, en las células humanas.
  6. Secuenciación del genoma. El genoma de las células HeLa fue secuenciado y publicado en 2013 en la revista Nature.

Reconocimiento a Henrietta Laks

Hasta 1973 la familia de Henrietta no supo que sus células eran objeto de investigación en los laboratorios de Estados Unidos. Y fue porque un grupo de genetistas buscó a los descendientes de nuestra protagonista con el fin de realizar estudios de ADN. Enterarse de que las células de Henrietta estaban vivas en un laboratorio supuso para el marido y los hijos un choque emocional difícil de imaginar.

No fue hasta 1996 cuando aparecieron las primeras publicaciones que reconocían la contribución de Henrietta Lacks a la investigación en medicina y salud. Poco a poco su figura se fue haciendo más conocida, recibiendo el agradecimiento formal del alcalde de Atlante y de los Congreso de los Estados Unidos. De hecho, en Atlanta cada 11 de octubre se conmemora el Día de Henrietta Lacks. Pese a que ella nunca lo supiera, como hemos visto en el apartado anterior, las células extraídas de su tumor han contribuido a un enorme avance de la investigación y la medicina y han logrado salvar, de manera indirecta, muchas vidas humanas.

Fuentes

Cuaderno de Cultura Científica. El caso de Henrietta Lacks . E. Angulo https://culturacientifica.com/2014/10/06/el-caso-de-henrietta-lacks/

https://www.bbc.com/mundo/noticias-39181812

La increíble historia de las inmortales células HeLa. Rosario García en Genotipia. Partes 1 y 2 https://genotipia.com/la-increible-historia-de-las-inmortales-celulas-hela-parte-1/

https://genotipia.com/la-increible-historia-de-las-inmortales-celulas-hela-parte-2/