Investigación y desarrollo de un cosmético
En Dciencia os solemos hablar de investigaciones sobre enfermedades, fármacos, a veces química, física… Hoy os traemos un post sobre la investigación de productos cosméticos. Porque los científicos también trabajan en este campo y creemos que puede resultaros interesante.
Hemos hablado con Anna Farré, Deputy Chief R&D Officer del laboratorio cosmético Bella Aurora. Y no, esto no es un post patrocinado, solo queremos enseñaros otra faceta a la que se dedican los científicos. Además, al final del post os contaremos una iniciativa que ha lanzado Bella Aurora con motivo del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia que se celebra el 11 de febrero.

¿Cómo nace la idea para desarrollar un nuevo producto dermocosmético?
Hay varios factores que llevan a desarrollar nuevos tratamientos. Algunas veces se siguen las tendencias del mercado, pero siempre teniendo en cuenta las necesidades de nuestra consumidora. Otras la idea nace de la evidencia científica, y otras es la propia innovación en ingredientes que llevamos a cabo desde nuestra área de investigación básica. Haciendo un mix de todas ellas es como nacen las nuevas ideas.
¿Cuáles son las fases del proceso desde la idea hasta el lanzamiento?
Desde que nace la idea hasta que el producto llega al mercado hay un largo proceso donde cada paso es muy importante.
- Lo primero es definir el objetivo del producto: qué problema queremos resolver, para quién, con qué expectativa de uso y qué beneficio principal buscamos. Se revisa entonces la literatura y se analiza qué ingredientes y tecnologías encajan mejor con ese objetivo.
- Se entra entonces en una fase de formulación en la que se desarrollan prototipos, se prueban y se ajustan hasta alcanzar el equilibrio entre eficacia potencial, estabilidad y sensorialidad.
- Después se validan aspectos como la estabilidad, la compatibilidad con el envase, la microbiología y la tolerancia. En paralelo, se planifica la evidencia que respaldará lo que se comunicará del producto.
- Finalmente, se trabaja el escalado industrial, el control de calidad y la documentación regulatoria para garantizar que el lanzamiento sea sólido y coherente con la promesa del producto.
¿Qué criterios usáis para elegir un activo?
Por ejemplo, en tratamientos despigmentantes, elegimos un activo sobre todo por su relevancia biológica y por la consistencia de la evidencia disponible. Buscamos mecanismos de acción claros y complementarios entre sí, que encajen con la fisiología de la hiperpigmentación y con el tipo de piel y uso previsto. También evaluamos que sea seguro a la concentración eficaz, que tenga buena tolerancia y que sea estable en una formulación real, porque un ingrediente excelente en teoría puede fallar si no resiste el tiempo, el pH o las condiciones de uso. Además, se considera la calidad del suministro y la reproducibilidad industrial.
¿Qué pruebas pasa un producto antes de que salga al mercado?
Antes de comercializar un producto, se valida que la fórmula se mantenga estable y con el mismo rendimiento a lo largo del tiempo, que sea compatible con el envase y que cumpla con los requisitos microbiológicos. También se realizan evaluaciones de tolerancia y seguridad, adaptadas al tipo de producto y al público objetivo, porque en tratamientos de uso continuado es esencial asegurar una buena compatibilidad cutánea. A esto se añade la verificación de la calidad sensorial y de uso, ya que la experiencia del producto influye directamente en la adherencia y, por tanto, en los resultados.
¿Cómo se evalúa la eficacia? ¿Trabajáis con modelos in vitro/ex vivo, estudios clínicos, mediciones instrumentales…?
En fases iniciales, los modelos de laboratorio ayudan a entender mecanismos y a seleccionar ingredientes o combinaciones con lógica biológica. Más adelante, la validación en voluntarios y las mediciones instrumentales, cuando aplican, permiten ver cambios de forma objetiva en parámetros relacionados con tono, luminosidad u homogeneidad. En una marca especializada en manchas, la idea es que lo que se comunica esté alineado con resultados observables y medibles, pero también con el uso real, porque la eficacia cosmética se sostiene en la suma de rendimiento y constancia.
¿Qué suele “fallar” más en el desarrollo y obliga a reformular?
En cosmética de tratamiento, lo más habitual es que aparezcan desafíos ligados a la estabilidad o a la compatibilidad entre ingredientes, especialmente cuando se trabaja con activos sensibles. A veces la fórmula es eficaz en concepto, pero necesita ajustes para mantener color, olor, textura y rendimiento con el paso del tiempo. También puede ocurrir que sea necesario reformular para mejorar la tolerancia, sobre todo si se busca un resultado visible sin comprometer la comodidad de uso diario. En otros casos, los cambios vienen por la interacción con el envase o por la necesidad de ajustar la sensorialidad para que el producto encaje en una rutina real y agradable.

¿Cuánto tarda normalmente el desarrollo de un cosmético? ¿Qué fases consumen más tiempo?
Los tiempos pueden variar mucho según el grado de innovación, el tipo de producto y el nivel de evidencia que se quiera generar, pero suele ser un proceso de uno a dos años. Las fases que más tiempo llevan acostumbran a ser la optimización de fórmula y estabilidad, porque requieren ciclos de prueba, iteración y observación en el tiempo, y también la obtención de evidencia de tolerancia y eficacia cuando implica estudios con voluntarios o mediciones instrumentales. En general, cuanto mayor es el estándar de validación, más sólido es el resultado final, pero también más exigente es el calendario.
¿Qué papel tiene la parte regulatoria en el proceso?
La parte regulatoria tiene un papel central y está integrado desde el inicio, porque garantiza que el producto no solo sea eficaz y agradable, sino también seguro y conforme a normativa. Este departamento es el que asegura que los ingredientes, concentraciones y etiquetado sean correctos, que la documentación técnica esté completa y que los claims sean coherentes con las pruebas disponibles. En una marca con enfoque científico, regulatorio actúa como un marco de rigor que protege tanto al consumidor como a la credibilidad de la marca.
¿Qué avances o tendencias os parecen más prometedores en cosmética científica en los próximos años?
En el ámbito de manchas, resulta especialmente prometedor avanzar hacia una comprensión más completa de los procesos que llevan a la hiperpigmentación, más allá de enfoques simplistas, incorporando cómo influyen el fotoestrés, la inflamación y otros factores biológicos. También es muy relevante mejorar los modelos y métodos de evaluación para que sean más predictivos y permitan correlacionar mejor lo que ocurre en el laboratorio con lo que se observa en piel. Y, en paralelo, todo lo que ayude a la constancia (texturas más agradables, rutinas más claras y educación del consumidor) es una “tendencia” que, en realidad, tiene un impacto enorme en resultados reales.
¿Cómo incorporáis sostenibilidad (ingredientes, envases, procesos) sin comprometer seguridad/eficacia?
La sostenibilidad se integra con un criterio muy claro: nunca comprometer la seguridad, la estabilidad ni el rendimiento del producto. Por eso, las decisiones se toman de forma equilibrada, buscando mejoras reales en envases, selección de materiales o eficiencia de procesos siempre que el producto quede igual de protegido y sea igual de eficaz. En cosmética de tratamiento, el envase y la protección de la fórmula son parte de la eficacia, así que cualquier cambio sostenible tiene que pasar por esa misma exigencia técnica.
¿Cómo garantizáis que lo que se comunica al público está respaldado por evidencia?
La forma de garantizarlo es alineando la comunicación con la evidencia generada durante el desarrollo. Lo que se promete debe poder sostenerse con datos, con pruebas de tolerancia, estabilidad y, cuando corresponde, con estudios y mediciones. Esto implica trabajar de forma coordinada entre los equipos técnicos, calidad y regulatorio, para que el lenguaje sea claro, comprensible y, sobre todo, veraz. La credibilidad en una marca especializada se construye precisamente evitando exageraciones y apoyando los mensajes en resultados demostrables.
La inmensa mayoría de vuestros empleados son mujeres. ¿Eso influye en la visión del producto?
Es posible que influya en una mayor sensibilidad hacia preocupaciones muy reales del consumidor, especialmente en una categoría como manchas, donde el impacto emocional y la constancia en el uso son claves. Puede aportar una mirada práctica sobre lo que significa integrar un tratamiento en la rutina diaria y qué se valora en términos de tolerancia, textura o resultados visibles. Aun así, la base de la toma de decisiones no depende de quién componga el equipo, sino de la evidencia y de la validación técnica que se realiza antes de lanzar cualquier producto.
Uno de los problemas “clásicos” de la mujer en la ciencia, surge en el momento de ser madre. Teniendo en cuenta que la mayoría de vuestro equipo es femenino, ¿cómo lo solucionáis?
En un entorno altamente femenino, el reto es que la maternidad no suponga una penalización profesional y que el desarrollo científico siga siendo compatible con la vida personal. Eso se aborda con organización, planificación y medidas reales de conciliación que permitan mantener la continuidad en proyectos, cubrir etapas de ausencia sin frenar el crecimiento y asegurar que las oportunidades no se detengan por circunstancias personales. En ciencia, donde los proyectos suelen ser largos, la clave está en estructuras de equipo y cultura que normalicen la conciliación como parte del funcionamiento, no como una excepción.
Como os hemos dicho al principio, el 11 de febrero es el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Por esta razón, Bella Aurora lanza un concurso en sus redes que dará la posibilidad a dos futuras científicas de pasar una jornada completa en su laboratorio. Tenéis todos los datos en la imagen de debajo.


