Homenaje a la Edad de Plata de la ciencia española
El próximo jueves, 23 de octubre de 2025, se celebrará el Simposio «Homenaje a la edad de plata de la ciencia española”. Está organizado por la Fundación Ramón Areces, Cátedra Julio Palacios del Instituto de Química-Física Blas Cabrera (CSIC) y tendrá lugar a las 16 horas en el Salón de Actos del Instituto de Química-Física Blas Cabrera (CSIC) en la calle Serrano 119, Madrid.

Programa del Simposio
La denominada Edad de Plata de la ciencia española constituye uno de los períodos más brillantes y prometedores de la historia científica nacional. Este período se extendió desde finales del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX y representó el reencuentro de España con la vanguardia científica europea tras siglos de relativo aislamiento y retraso. Aquí os vamos a dar unas pinceladas de lo que supuso esta época en la ciencia española y a citar a algunos de sus protagonistas. Si queréis saber más os animamos a asistir al Simposio.
Contexto
En 1898 España perdió sus últimas colonias de ultramar. Este evento, además de ser un trauma nacional, provocó una profunda reflexión nacional que daría lugar al movimiento regeneracionista. Intelectuales como Joaquín Costa proclamaron que la regeneración del país solo sería posible mediante la educación y el contacto con Europa.
Esta mentalidad reformista encontró su máxima expresión institucional en la Institución Libre de Enseñanza (1876), fundada por Francisco Giner de los Ríos y otros profesores universitarios que defendían la libertad de cátedra. La ILE se convirtió en el motor ideológico de la renovación educativa y científica española, proclamando el respeto a la ciencia y la independencia de la investigación.
En 1907 se creó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). Presidida por Santiago Ramón y Cajal hasta su muerte en 1934. La JAE se convirtió en el instrumento fundamental para conectar la ciencia española con Europa. A través de un ambicioso programa de becas y pensiones, permitió que muchos científicos españoles se formaran en los mejores laboratorios europeos y americanos.
La JAE creó instituciones emblemáticas como la Residencia de Estudiantes (1910), que se convirtió en un auténtico laboratorio de modernización cultural. Este espacio albergó a figuras como Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel, pero también contó con laboratorios donde trabajaron científicos de la talla de Severo Ochoa, Blas Cabrera y Antonio Madinaveitia.
El otro gran símbolo de esta época fue el Instituto Nacional de Física y Química, conocido popularmente como «edificio Rockefeller«. Construido entre 1926 y 1932 gracias a una donación de 420.000 dólares de la Fundación Rockefeller, este moderno edificio alojaba en su interior algunos de los laboratorios más avanzados de Europa.
Las mujeres pioneras
La Edad de Plata fue testigo de la incorporación de las mujeres a la educación superior y la investigación científica. En 1910, el Ministerio de Instrucción Pública había allanado el camino para la presencia femenina en las universidades.
Las primeras doctoras en Ciencias Químicas de España fueron tres extraordinarias mujeres de la Universidad de Zaragoza. María Antonia Zorraquino Zorraquino se convirtió en octubre de 1929 en la primera doctora en Química del país con su tesis «Investigaciones sobre estabilidad y carga eléctrica de los coloides». Fue la segunda mujer en obtener el título de doctora en Ciencias en España (la primera fue Felisa Martín Bravo, por la sección de Física). Le siguieron, también en 1929, Jenara Vicenta Arnal Yarza y Ángela García de la Puerta, también en la Universidad de Zaragoza.
Vicenta Arnal, hija de un jornalero, se licenció en Ciencias Químicas en 1926 con sobresaliente. Su tesis doctoral «Estudio potenciométrico del ácido hipocloroso y de sus sales», defendida en septiembre de 1929, le valió el premio extraordinario de doctorado. Posteriormente obtendría una cátedra de Física y Química, desarrollando una notable carrera docente e investigadora.

Foto de Vicenta Arnal Yarza dedicada a su amiga Ángela García de la Puerta (cedida por la familia, gentileza Carmen Magallón)
Ángela García de la Puerta, natural de Soria, había roto anteriormente otro «techo de cristal» al convertirse en 1928 en la primera mujer en ocupar una plaza de catedrática de Física y Química en un instituto español. Durante los años 30 llegó a ser directora del Instituto Miguel Servet de Zaragoza.
Estas pioneras no solo abrieron caminos en la química, sino que también defendieron los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza, contribuyendo a la renovación de la enseñanza de las ciencias.
De ellas hablará en el Simposio Carmen Magallón, presidenta de la Fundación SIP, Centro Pignatelli.
Antonio Madinaveitia
Antonio Madinaveitia Tabuyo (1890-1974). Hijo de Juan Madinaveitia, médico y profesor de la Institución Libre de Enseñanza, Antonio se formó inicialmente en ingeniería química en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich bajo la dirección de Richard Willstätter, futuro Premio Nobel de Química. Tras doctorarse en química biológica en Madrid, se convirtió en 1926 en catedrático de Química Orgánica de la Facultad de Farmacia. Desde 1932 dirigió el Laboratorio de Química Orgánica del Instituto Nacional de Física y Química, convirtiéndose en una figura clave de la investigación química española. Su exilio a México tras la Guerra Civil le permitió fundar el Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México, prolongando su labor formativa en el exilio.
Sus principales aportaciones son trabajos dedicados a la síntesis de compuestos de posible actividad farmacológica y la iniciación a la química de productos naturales.
Sobre su importancia y sus trabajos hablará en el Simposio Julio Álvarez-Builla, catedrático emérito de la Universidad de Alcalá de Henares

Foto de Antonio Madinaveitia (gentileza Julio Álvarez-Builla)
Enrique Moles
Enrique Moles Ormella (1883-1953). Estudió Farmacia en la Universidad de Barcelona donde obtuvo el Premio Extraordinario. Logró esa misma distinción en su doctorado por la Universidad Central de Madrid (obtenido en solo un año). Continuó formándose en las universidades de Múnich y Leipzig. En Leipzig obtuvo un nuevo doctorado, en este caso en Ciencias Químicas. En 1911 consiguió plaza de profesor auxiliar de Química Inorgánica de la Facultad de Farmacia de Madrid. Marchó nuevamente al extranjero, a Ginebra, donde logró su tercer doctorado, en Ciencias Físicas. Volvió a Madrid, pese a que tenía ofertas para seguir sus investigaciones en Suiza y Estados Unidos y en 1920, se doctoró (por cuarta vez) en Ciencias en Madrid. En 1934 ingresó en la Academia de Ciencias, recibió la Gran Cruz de la Orden de la República Española, y el grado de oficial de la Legión de Honor Francesa. Al comenzar la Guerra Civil se exilió a Francia.
Moles se especializó en la determinación precisa de pesos atómicos mediante métodos fisicoquímicos, trabajo que le valió reconocimiento mundial. En 1931 fue designado Secretario de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, y publicó investigaciones en numerosas revistas de prestigio. Su contribución fue tan relevante que muchos consideran que podría haber merecido el Premio Nobel si las circunstancias históricas hubieran sido diferentes.
Joaquim Sales, catedrático emérito de la Universidad de Barcelona ofrecerá una semblanza más profunda sobre Enrique Moles en el Simposio.

Foto de Enrique Moles con alumnos en la UCM (1929, gentileza Joaquim Sales)
El reconocimiento internacional
Durante este período, la ciencia española alcanzó cotas de reconocimiento internacional que no había conocido desde hacía siglos. Figuras como Blas Cabrera, director del Laboratorio de Investigaciones Físicas y padre de la física moderna española, mantenían correspondencia y colaboraban con las principales personalidades científicas europeas. El propio Einstein visitó Madrid en varias ocasiones, y Marie Curie fue recibida por Cabrera en 1919 y 1923.
No podemos dejar de citar a Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina en 1906, que ya se había convertido en el símbolo de la capacidad científica española. Su presidencia de la JAE legitimó institucionalmente todo el proyecto regeneracionista.
El trágico final
La Edad de Plata de la ciencia española finalizó de manera abrupta por el estallido de la Guerra Civil en 1936. Científicos como Blas Cabrera, Antonio Madinaveitia o Enrique Moles tuvieron que abandonar España, trasladando su talento a países como México, Francia o Estados Unidos.
La JAE fue desmantelada en 1939, y aunque sus estructuras darían lugar posteriormente al CSIC, el espíritu renovador y la conexión internacional que había caracterizado a la institución tardaron décadas en recuperarse.
La Edad de Plata de la ciencia española representa un período único en el que el país estuvo a punto de consolidar una tradición científica moderna y competitiva a nivel internacional. Las figuras de Antonio Madinaveitia y Enrique Moles, junto con las pioneras mujeres químicas, simbolizan el potencial que España había desarrollado en esos años. Su legado nos recuerda que la ciencia requiere no solo talento individual, sino también condiciones institucionales, libertad académica y apertura internacional para florecer.
Toda la información del simposio, resúmenes de los ponentes y sus CVs se pueden encontrar en la página web https://jpalacios.iqf.csic.es La asistencia es gratuita hasta completar aforo y para la inscripción hay que enviar nombre, apellidos y afiliación al correo shep2025@iqf.csic.es
About the Author: Alberto Morán
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Articulo muy interesante sobre una realidad poco conocida por el gran publico
¡Muchas gracias!