Contra el utilitarismo científico

Entrevista con el físico y divulgador científico Miguel Peiró.

La ciencia, cuando se presenta como un conjunto de certezas, corre el riesgo de convertirse en una parodia de sí misma. La ciencia implica incertidumbre, sombras, lagunas epistemológicas y una actitud más modesta y escéptica que arrogante y dogmática. En Sombra y asombro: manifiesto contra el utilitarismo en la ciencia (Rosita y Amparo Editores, 2026), el científico Miguel Peiró se esfuerza en transmitir la ciencia para que esta pueda amarse y practicarse, no seguirse con devoción ciega o desde un negacionismo rampante. Peiró, doctor en Física de partículas y Cosmología, nos invita a repensar la ciencia desde el asombro y la curiosidad, actitudes fundacionales de la filosofía y virtudes necesarias para la ciencia del siglo XXI.

 

 

ANDRÉS LOMEÑA: Un manifiesto contra el utilitarismo en la ciencia me remite a otros textos como el manifiesto por una ciencia slow de Isabelle Stengers. ¿Tan descaradamente utilitarista se ha vuelto la investigación científica? Cada cierto tiempo, ejemplos de desprecio u olvido científico como el que parece que sufrió Katalin Karikó deberían dejarnos claro que no podemos someter a la ciencia al único criterio de la rentabilidad económica. ¿De dónde vienen esas presiones o amenazas y esa persistencia en la productividad de una actividad que requiere tiempo, dedicación y reflexión?

MIGUEL PEIRÓ: La respuesta corta sería que esas presiones vienen del sistema, pero a continuación podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué es el famoso “sistema”? Como comento en el libro, el sistema en realidad está compuesto por todos los científicos y personas que trabajan en el mundo de la ciencia. Creo que durante mucho tiempo hemos dejado que se tomaran ciertas decisiones, que el aire soplara empujado por la productividad, y, aunque mucha gente lo ha denunciado, creo que pocos son los científicos que realmente se han rebelado ante esto. Cada científico tiene una responsabilidad en este sentido y cuando decide no enfrentarse al “sistema”, está decidiendo reforzarlo. Creo que la productividad está destrozando la observación y la experimentación, pilares básicos de la ciencia, porque los está sometiendo al yugo de la inmediatez, a las cadenas de la cantidad (y no de la calidad) de las publicaciones.

Miguel Peiró

A.L.: Parece razonable no caer en la credulidad cientificista ni en el negacionismo. Entiendo que el negacionismo se da más en la climatología y el cientificismo en cierto periodismo muy dado a titulares a modo de anzuelo de esos que dicen que hay un descubrimiento que reescribirá la física. ¿Dónde ve más este tipo de simplificaciones y exageraciones?

M.P.: Creo que ambas posturas se dan frecuentemente en muchos y muy diversos campos de la ciencia. Evidentemente aquellos campos que de los que más se habla, como por ejemplo el cambio climático, son más susceptibles de generar socialmente posturas extremistas de este tipo (negacionismo y cientificismo son polos opuestos pero ambas posturas son extremistas en este sentido). Veo mucho cientificismo a nivel social y político, pero también en las nuevas espiritualidades que, desde mi punto de vista, en occidente se han visto sometidas al hiperracionalismo y tratan de justificarse, por ejemplo, con la física cuántica. De hecho, el apellido “cuántico” ahora vende mucho en el mundo de la espiritualidad. No deja de ser una forma de cientificismo, ya que el pensamiento detrás es el de una justificación indiscutible, buscan un “esto funciona porque lo dice la ciencia”. Pensar en una espiritualidad cientificista roza, en mi opinión, lo grotesco.

A.L.: Recuerdo haber visto algunos vídeos de divulgación donde explicaban algún concepto informático con cinco niveles de dificultad. Me gustaron porque se tomaban muy en serio la idea del aumento gradual de la dificultad: no se llega al quinto nivel de dificultad sin pasar por el cuarto, el tercero y el segundo. Puede parecer obvio, pero no sé si a veces se dan saltos demasiado grandes entre lo simple y lo complejo, entre un conocimiento para principiantes y otro para expertos. Como divulgador, ¿qué cree que se hace mejor y qué se hace peor?

M.P.: A día de hoy, la divulgación científica ha crecido muchísimo y llega a mucha más gente de lo que lo hacía hace unos años. Además, hay más diversidad de temas y didácticas. Todo esto es, sin duda, muy buena noticia. No obstante, en Sombra y asombro profundizo en la importancia del misterio o el desconocimiento en el mundo de la ciencia. Cualquier forma de conocimiento comienza siendo un desconocimiento, esto es una obviedad, pero a menudo lo obvio es lo primero que olvidamos. Creo que no solo es importante divulgar sobre lo que sabemos, también es importante hablar de lo que sabemos que no sabemos, porque así estamos trasladando una visión de la ciencia como forma de conocimiento y no como recipiente de certezas ilusorias. Si algo echo en falta en la divulgación actual es mostrar mucho más claramente los misterios, lo desconocido, lo que no sabemos.

A.L.: Aboga por una especie de tercera vía, un camino intermedio entre lo útil y lo inútil. En el ámbito de las Humanidades siento que ocurre lo mismo, y que, de hecho, ciencias y letras no deberían verse como culturas enfrentadas o estancas. Su libro, de hecho, tiene mucho de filosofía y de oda al asombro. ¿Cree que se están haciendo esfuerzos por esa tercera vía o el publish or perish y la creciente burocracia son más fuertes que la sombra y el asombro?

M.P: La hiperespecialización del conocimiento ha creado una suerte de pánico por lo interdisciplinar y multidisciplinar; está mal visto, porque hemos construido muros entre las disciplinas, e incluso, dentro de las propias disciplinas. Pero el conocimiento no entiende de fronteras. La ciencia se enriquece del arte o de las letras, y viceversa también. Creo que esa tercera vía de la que hablo en el libro está emergiendo, de forma paulatina, pero ya empieza a asomar. Quizá sea demasiado optimista, pero creo que la IA nos va a llevar por ese camino, posiblemente porque no nos quede otra alternativa. El asombro es consustancial al ser humano y quiero pensar que, por esa razón, aunque nos empeñemos en alejarlo, siempre quedará algo en cada uno de nosotros que anhelará y luchará por mantener viva esa chispa.

La huella que dejan la COVID-19 y la gripe en tu sistema inmune
La primera frontera del sistema inmune: encuentros microbianos en el útero

About the Author: Andrés Lomeña Cantos

Andrés Lomeña Cantos (Málaga, 1982) es licenciado en Periodismo y en Teoría de la Literatura. También es doctor en Sociología. Ha publicado 'Filosofía a Sorbos' (2020), 'Filosofía en rebanadas' (2022), 'Podio' (2022), 'Filosofía para frikis' (2025), 'Yo, esquirol' (2025) y 'Narratofilia' (2025).

¡Compartir artículo!

Leave A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.