Caminando hacia sistemas de información científica abiertos e independientes: el caso pionero de SILICE

El desinterés es una de las cuatro normas con las que Robert Merton (1942) caracterizó la actitud científica. No se trata de que el científico no le importe lo que investiga, todo lo contrario, sino que un científico, como norma, no debe tener interés particular en los resultados de su investigación, sino más bien tener una actitud equidistante que le asegure objetividad e independencia. Esta independencia explicaría que muchos de los investigadores trabajen para instituciones públicas, como universidades y centros de investigación estatales, ya que esta situación les otorga más libertad para abrir nuevas líneas con gran carga teórica, y mayor objetividad para interpretar resultados que puedan afectar a intereses políticos o económicos.

Sin embargo, esta independencia que se exige a los científicos se ve comprometida cuando se menciona al sistema de publicación científica. Desde mediados del siglo XX, editoriales comerciales han visto en las revistas científicas un mercado muy lucrativo. La razón estriba en que los investigadores, precisamente para mantener su independencia, no cobran derechos de autor por las investigaciones que publican. Así, mientras que el científico no se lucra de su propia producción, las empresas editoriales retienen todos los beneficios que obtienen, a su vez, de vender estos resultados a las propias organizaciones que emplean a estos investigadores. Dicho de otra forma, las organizaciones pagan por lo que sus propios investigadores ceden de forma gratuita.

Este problema no solo tiene consecuencias económicas al transferir grandes cantidades de dinero público a empresas privadas por contenidos propios, sino que esta vinculación de la actividad científica con un mercado comercial afecta irremediablemente a su independencia, haciendo que los intereses económicos de estas empresas interfieran con las políticas científicas y sus sistemas de evaluación.

El movimiento de Acceso Abierto a principios del siglo XXI, y el más reciente de Ciencia Abierta, pretenden revertir este problema desarrollando medios de publicación que, no sólo reduzcan los costes de publicación, sino también recuperen el control del sistema de publicación para devolverlo a sociedades, asociaciones y departamentos académicos. A través de repositorios y revistas diamante se busca que el gasto en publicación no detraiga recursos de donde es necesario, la propia investigación.

Como parte del sistema de publicación, las bases de datos académicas también se ven afectadas por este problema. Estos productos son hoy en día herramientas imprescindibles para la búsqueda de literatura científica y para el seguimiento y evaluación de la producción académica de autores, organizaciones o revistas. Tradicionalmente, la dificultad y el elevado coste de producción condicionó a que muchos de estos productos fueran desarrollados por empresas privadas (Web of Science, Scopus, Dimensions). Este hecho, de nuevo, supone una intromisión en la independencia de la ciencia, ya que los criterios que han alimentado estas bases de datos han estado siempre supeditados a intereses comerciales, y no científicos.

Una muestra de este sesgo comercial lo representa la revista científica, eje sobre la que ha girado la selección e inclusión de resultados científicos en estas bases de datos. La importancia de la revista ha sido tal, que los primeros indicadores que estos productos desarrollaron fueron indicadores de revistas, ya que con ellos podían justificar qué publicaciones se incluían. Esto ha supuesto un efecto perverso en la ciencia, puesto que ha trasladado el valor o pertinencia de un resultado científico, en favor de su contenedor (véase DORA). Pero desde el punto de vista comercial, estos indicadores han servido también para dar valor económico a estos contenedores, haciendo que las revistas de mayor impacto coticen más en el mercado editorial. La creación de Scopus por parte del mayor editor científico, Elsevier, en 2004 no sólo fue una estrategia para competir con el clásico Web of Science, sino también un medio para posicionar la enorme cartera de revistas que poseía, y que no aparecían en dicha base de datos. Estrategias similares fueron seguidas por el grupo Springer Nature, cuando lanzó Dimensions (esta editorial es máxima accionista de Digital Science, desarrolladora de este buscador), y la editorial de acceso abierto MDPI, cuyo buscador de publicaciones Scilit se construyó con el mismo fin. Dicho de otra forma, las bases de datos comerciales están orientadas a potenciar la visibilidad de revistas, como si se tratara de una especie de bolsa de valores, donde el precio de cotización de las revistas lo marca su Journal Impact Factor, CiteScore o cualquier otra métrica.

No solo han resultados dañinos los indicadores de revistas en la valorización de resultados, otros indicadores que acompañan a estos productos son demasiado simples y solo arrastran a la ciencia hacia una lógica acumulativa. El conteo bruto de citas y publicaciones o el índice h han llevado a la comunidad científica a la percepción de que cuanto más mejor, sin explorar matices y detalles que nos acerquen a aspectos más cualitativos como la colaboración, la integridad o el impacto social. Todo lo contrario, la competición por acumular citas y publicaciones está detrás de muchos de los diferentes tipos de fraudes (paper mills, fake peer review, granjas de citas) y prácticas abusivas (la excesiva auto-citación, la hipeautoría o el salami slicing). Es el modelo Google Scholar, donde no es raro encontrar perfiles engordados a base de artículos llenos de auto-citas y publicados en revistas depredadoras.

No obstante, todo este edificio no se hubiera mantenido en pie si no fuera por agencias gubernamentales que ha actuado de colaboradoras necesarias, al validar acríticamente estos indicadores, y reforzar así la deriva comercial de la ciencia. La utilización aún de los impactos de revistas como proxy para la apreciación de currículums y organizaciones, deja patente la larga sombra de las editoriales comerciales en los procesos de evaluación. Hoy, las declaraciones de DORA, Leiden, y más recientemente, CoARA, alertan sobre esta peligrosa deriva en la evaluación, y reclaman el abandono de las métricas asociadas a revistas y los conteos fuera de contexto. En su lugar, abogan por una evaluación más cercana al impacto de los propios resultados, independientemente de su fuente de publicación; dirigida a medir la influencia y apertura de la ciencia en la sociedad; y conteniendo opiniones cualitativas transparentes y abiertas. En definitiva, una evaluación en manos de la comunidad científica y exenta de intereses comerciales.

Como respuesta esta crisis, la reciente Barcelona Declaration on Open Research Information (2024), a nivel internacional, y la Estrategia Nacional de Ciencias Abierta (ENCA), a nivel nacional, señalan la necesidad de crear infraestructuras de información no comerciales, que apoyen las tareas de evaluación y difusión científica, a la vez que contribuyan a fomentar un ecosistema de publicación gobernado por intereses científicos. La existencia actual de fuentes abiertas como Crossref, PubMed, OpenCitations u OpenAlex, ya hacen viable la creación de plataformas bibliográficas a un bajo coste, asumible por entidades académicas, y diseñadas ex profeso para satisfacer las demandas de la comunidad científicas en aspectos tales como la búsqueda de información, evaluación científica y seguimiento del sistema. Y todo ello, al margen de injerencias privadas y sesgos comerciales.

Con este propósito hemos creado SILICE (acrónimo de Sistema de Información sobre la Literatura Científica Española), la primera iniciativa en España que pretender ofrecer un sistema de información científica basado exclusivamente en fuentes e identificadores abiertos. Con más de 3 millones de publicaciones, 40 millones de citas y 117 mil autores, SILICE permite a sus usuarios encontrar publicaciones a través de autores, organizaciones, revistas y disciplinas; reclamar o crear perfiles de autor importando sus datos de ORCID y OpenAlex; y sobre todo, una batería de indicadores a distintos niveles que nos muestran la producción, impacto y colaboración de los distintos agentes implicados, a fin de servir de herramienta tanto para el seguimiento del sistema como para la evaluación de sus miembros. En definitiva, SILICE hace realidad la posibilidad de crear infraestructuras de información abiertas y accesibles que, sobre todo, aseguran el tradicional desinterés de la ciencia.

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About the Author: José Luis Ortega

Doctor en Documentación por la Universidad Carlos III de Madrid (2007). Mi formación científica la desarrollé en el Laboratorio de Cibermetría del CSIC (2003), el Virtual Knowledge Studio de la Royal Netherlands Academy of Sciences and Arts (KNAW) en Ámsterdam (2005), y en la Vicepresidencia de Investigación Científica y Técnica del CSIC (2008). A partir de julio de 2018 me incorporé al IESA como investigador, formando parte de la Unidad Asociada “Innovación, Transferencia y Conocimiento” entre el CSIC y la Universidad de Córdoba. Mi investigación se centra en el estudio del sistema de publicación científica como medio para conocer patrones de conducta científica y como base para la valoración académica (bibliometría, altmetrics). Actualmente lidero el desarrollo de infraestructuras de información científica abiertas como SILICE (Sistema de Información sobre Literatura Científica Española) y RetractBASE (la base de datos de publicaciones retractadas más exhaustiva).

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