Atragantamientos, inhalaciones… y objetos en otros orificios naturales

Todo el mundo se ha atragantado alguna vez. Algún trozo de comida que se nos queda atrapado o se nos va “por otro sitio”. Incluso puede que alguna vez se nos haya metido algún insecto en la boca o en la oreja. Pero, aparte de estos sucesos, digamos comunes, la literatura científica recoge casos de introducciones, accidentales o no tanto, de otros cuerpos extraños no tan comunes. Vamos a ver algunos ejemplos. Y, por favor, no lo hagáis en casa…

Ingestiones o inhalaciones (boca, nariz)

El mayor experto en atragantamiento de todos los tiempos fue Chevalier Quixote Jackson, que ya solo por su rimbombante nombre debería haber pasado a la Historia. Este médico estadounidense ejerció su profesión a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Su verdadero interés eran los objetos extraños que habían sido tragado o inhalados. Esta interés le llevo a hacer dos cosas peculiares. En primer lugar, diseñó un montón de herramientas, artilugios y métodos para extraer todo tipo de cuerpos que se habían introducido por estos orificios. Además, coleccionaba estos objetos, hasta el punto de reunir hasta 2.374 artículos extraídos del esófago, los pulmones y la garganta. Hoy en día, se pueden visitar en el Museo Mutter del Colegio de Médicos de Filadelfia e incluye botones, monedas, huesos, pequeños juguetes, dentaduras postizas, alfileres, tornillos… Hasta ahí son objetos, digamos, “normales” … pero es que también figuran un reloj de pulsera, un crucifijo con un rosario, una llave de radiador, unos prismáticos en miniatura, un candado, una brocheta de carne entera…

Si revisamos someramente la literatura científica, aparte de los objetos recogidos por Jackson, podemos encontrar más casos curiosos.

Soporte de papel higiénico. ¿Perdón? Se trataba de un paciente de 32 años con desorden bipolar y esquizofrenia. El soporte incluía el tornillo y la extracción la realizaron a través de la boca.

 

Un móvil. Pero de los pequeños, no de los de última generación que casi no nos caben en el bolsillo. La extracción costó un poco porque el teléfono iba envuelto en plástico. Por cierto, los médicos que lo extrajeron, además de médicos tenían interés tecnológico, porque comentan en el artículo que el interior del teléfono estaba muy dañado pero que la batería funcionaba (¿la probaron en uno de sus propios teléfonos?)

Orificio anal

Un imperdible. A veces, contradiciendo a su nombre, se pueden perder esos pequeños objetos en cualquier sitio.

Desodorante. Un bote. Quizás es llevar la obsesión por el buen olor al extremo. Aparte de que nadie le ha enseñado a usar correctamente el desodorante… Debajo tenéis la radiografía y aquí el paper original.

Una botella. Esto es un clásico que hemos oído varias veces, pero nos puede quedar la duda de si es verdad. Pues, tristemente, parece que es cierto. Podéis leer algún reporte científico aquí, aquí o aquí. Este último link es especialmente curioso, puesto que se trata de un hombre de 22 años que se había introducido la botella ¡¡¡cinco años antes!!!

Un vaso. Hombre, ya que teníamos la botella, no podía faltar el vaso, alojado en el cuerpo de un hombre de 52 años.

Uretra

Un cable calcificado. Un paciente fue a urgencias con problemas para orinar, como si tuviera la uretra obstruida.  Fue llevado a cirugía y se extirpó un cuerpo extraño, que parecíaun cable calcificado.

Imanes. Sí, un varón de 50 años se introdujo imanes en el pene. Mejor no indaguemos la razón. Ni tampoco si le pasaba algo al acercarse a la nevera.

Un tubo verde. Un hombre de 51 años acudió a consulta quejándose de que “no podía extraer un tubo de color verde que se había insertado en la uretra tres horas antes”. Aproximadamente cinco centímetros sobresalían del meato urinario (el agujero por el que la uretra se abre al exterior). La foto os la ahorro, pero si hay alguien con especial interés, la puede ver en el artículo original, figura 3.

Vagina

Es relativamente frecuente la extracción por parte de los servicios de urgencia de objetos poco comunes introducidos en la vagina. En muchos casos se trata de buscar la estimulación sexual, pero en muchos otros son casos de niñas o pacientes psiquiátricos. Todos los años la U.S. Consumer Product Safety Commission’s elabora una base datos en la que se pueden leer los objetos que se han extraído de los orificios corporales. Aquí solo vamos a poner algunos ejemplos de aquellos que han dado lugar a una publicación en una revista científica.

Bola para ejercicios pélvicos. Lo raro no es encontrarla ahí. Lo poco común es que la sacaron 25 años después de introducirla. Lo podéis leer aquí.

Un bote de desodorante. Lo mismo que el paciente que se introdujo un bote de desodorante por la cavidad anal, esta mujer de 34 años, en avanzado estado de gestación, se pasó con el deseo de oler bien.

Una pila AA. Concretamente de la marca Duracell. A la mujer de 44 años se le quedó dentro tras usarla para estimularse sexualmente. Tardó dos meses en ir a la consulta. Lo podéis leer en el mismo enlace que el caso anterior.

Las llaves de un diario. Una niña de cinco años escribía su diario y guardaba las llaves en su vagina para así esconderlas y que su madre no leyera lo que escribía. Es importante enseñarles a los niños lo que puede ser un buen escondite y lo que no.

Oído externo

Los cuerpos extraños en el conducto auditivo externo son frecuentes en los menores de 6 años y en personas con problemas mentales de cualquier edad. Así, no es tan extraño encontrarse judías o lentejas (que en ocasiones pueden llegar a germinar) y objetos pequeños, como piedras, minas de lápiz, bolitas de papel o pilas de tipo botos. Tampoco es del todo infrecuente encontrar insectos, como crías de cucarachas.

Un diente de leche. Menos frecuente es encontrar un diente en el conducto auditivo. El paciente era un niño de tres años y se cree que el diente era de algún compañero de colegio. Sucedió en el Reino Unido y aquí tenéis el vídeo de la extracción.

 

 

By | 2021-04-07T18:11:45+00:00 abril 7th, 2021|Dciencia Medicina, Divulgación, portada|0 Comments

About the Author:

Alberto Morán
Licenciado en farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realicé mi tesis doctoral en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia. Posteriormente hice un Máster en Dirección de Empresas Biotecnológicas. Trabajé casi un año en una consultoría de biotecnología. Posteriormente fui investigador y docente en la Universidad Complutense de Madrid durante siete años. Mi carrera investigadora se desarrolló en el estudio de los mecanismos moleculares del cáncer (colon y pulmón esencialmente). En noviembre de 2012 abandoné definitivamente el laboratorio. En la actualidad soy titular de una oficina de farmacia.

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