A algunos les parece una pérdida de tiempo. A otros les parece el mejor momento del día y siempre quieren hacerlo un poco más. En cualquier caso, dormir es una actividad esencial para nuestra vida. Si nos nombran las palabras “dormir” o “sueño”, las solemos asociar inmediatamente con pérdida de la consciencia y con descanso, pero debemos saber que el sueño es un estado biológico activo. Vamos a aprender un poco más del sueño.

¿Qué es el sueño?

El sueño es un estado fisiológico, activo y rítmico, que aparece cada 24 horas, alternándose con otro estado que es la vigilia. Es un proceso difícil de definir, pero implica las siguientes características:

  1. Disminución de la conciencia y reactividad a los estímulos externos
  2. Es fácilmente reversible (a diferencia, por ejemplo, del coma, que es un proceso patológico)
  3. Lleva asociado relajación muscular
  4. Se presenta con una periodicidad circadiana (diaria)
  5. Los sujetos durmientes adoptan una postura estereotipada
  6. La privación de sueño induce alteraciones conductuales y fisiológicas

¿Para qué vale dormir?

Dormir es una de las acciones más extrañas que realiza nuestro organismo. Se sabe que es necesario y que no podríamos vivir mucho sin dormir. Sin embargo, se desconoce exactamente para qué sirve el sueño y por qué es tan vital.

En 1989 se realizó un experimento ciertamente cruel en la Universidad de Chicago en el que se mantuvieron despiertas a diez ratas hasta que murieron. Tardaron en hacerlo entre 11 y 32 días. Al realizar la necropsia no se observó nada que pudiera explicar la causa de la muerte.

Existen numerosas teorías sobre la utilidad o la función del sueño. Ninguna de ellas está totalmente demostrada, pero se cree que dormir podría estar relacionado con la recuperación de la energía necesaria para las actividades cotidianas, la consolidación de la memoria, la regulación térmica, la activación del sistema inmune, el mantenimiento de la homeostasis sináptica (mantener el equilibrio de las conexiones que se establecen entre las neuronas) …

Etapas del sueño

El sueño nocturno está estructurado en ciclos que se repiten cuatro o cinco veces cada noche. Cada ciclo dura entre 90 y 120 minutos. Dentro de cada ciclo hay dos fases: una primera fase llamada sueño No REM (acrónimo de Rapid Eye Movement) o no MOR (de movimientos oculares rápidos) en español y una segunda fase conocida como sueno REM.

Fase No REM: a su vez consta de 3 sub-fases

Fase I (Fase N1).  La primera parte del sueño es la somnolencia o adormecimiento. Consiste siempre en la renuncia a la consciencia. Esta fase representa entre el 2 y el 5% del tiempo total dormido. En un electroencefalograma (que es una de las herramientas que se usa para estudiar el sueño) lo que se ve en esta fase es la desaparición del ritmo alfa, que es típico de la vigilia. Las respiración se vuelve más uniforme y se da una distensión muscular. En palabras llanas, nuestro cuerpo se relaja. Es en esta fase cuando se da eso que alguna vez muchos de vosotros habréis notado, la sensación de caída y unas sacudidas musculares súbitas. Técnicamente se llaman mioclonías hípnicas.

Fase II (Fase N2). Inmediatamente después comienza un sueño no muy profundo que supone entre un 45 y un 55% del tiempo total dormido de un adulto. Pese a su ligereza, es un sueño muy reparador. Combina etapas en las que nuestra actividad cerebral es muy alta con otras en las que es menos intensa. En esta fase la frecuencia cardíaca y respiratoria disminuyen, al igual que la temperatura corporal.

Fase III (Fase N3). Después llega el sueño más profundo, durante el cual es mucho más difícil despertar al individuo. Esta fase abarca entre el 15 y el 20% de la noche.

En total estas tres fases suponen aproximadamente 70-100 minutos. (Algunos autores dividen la fase II en dos, de tal manera que la fase III correspondería con fase IV de estos autores).

Fase REM:

Fase IV (Fase R). En último lugar llega la fase REM, que se caracteriza, como su nombre indica, por los movimientos oculares rápidos. No se sabe la causa de estos movimientos oculares. Existen varias hipótesis, como que estamos visualizando los sueños. Es aquí cuando se dan la mayoría de los sueños, si bien, según un estudio de la Universidad de Wisconsin realizado en 2017 hasta el 70% de las personas soñaban también en la fase No REM. El tono muscular disminuye y las frecuencias cardíacas y respiratorias se vuelven irregulares. La parálisis de los músculos de movimiento voluntario en esta fase tampoco está clara, pero se cree que podría ser para evitar que nos hagamos daño debido a las acciones que realizamos mientras estamos soñando. Podemos decir que la persona está prácticamente paralizada, pero el cerebro está muy activo, tanto como si estuviéramos despiertos. Esta fase supone el 20-25% del tiempo dormido. En el adulto normal, el primer ciclo de sueño REM, se produce a los 80-100 minutos después de haber comenzado a dormir.

Como hemos dicho antes, en cada sueño nocturno hay cuatro o cinco repeticiones de estos ciclos. Pero no son idénticos, sino que las proporciones de cada fase va variando. Así, durante el primer tercio de la noche predomina el sueño profundo de fase III.  A medida que avanza la noche, los periodos de sueño REM se alargan, de tal manera que cuando más soñamos es en las últimas horas antes de despertar. De esta manera, no es extraño que nuestra primera fase REM de la noche dure cinco minutos y la última llegue a estar entre 30 y 60 minutos.

Fuente: Wikipedia

 

¿Cuánto necesitamos dormir?

La respuesta a esta pregunta que mucha gente se ha hecho alguna vez es que… no hay una respuesta válida universalmente.

La edad es un factor muy importante para determinar la cantidad de horas de sueño. Así, según crecemos, las necesidades de sueño van disminuyendo. Los lactantes requieren entre 12 y 14 horas, los niño en etapa escolar entre 11 y 12 horas y la mayor parte de adultos tienen suficiente con 7-8 horas por noche. Sin embargo, existe una gran variabilidad interindividual. Todos conocemos gente que con nueve horas está en el límite de lo que considera dormir suficiente y otros que con apenas cinco están perfectamente descansados. También es bien conocida la menor cantidad de horas de sueño que suelen tener los ancianos, si bien esta situación se suele deber a problemas para conciliar el sueño y a un aumento de los despertares nocturnos.

 

Algunos datos curiosos

  • Una persona normal, de media, se da la vuelta o cambia su posición entre 30 y 40 veces cada noche. Y sufrimos pequeños despertares y momentos de alerta que pueden llegar a sumar hasta 30 minutos por noche (sin que seamos conscientes de ello).
  • Dormir supone una tercera parte de nuestras vidas.
  • Durante la fase REM se produce un aumento del flujo sanguíneo en los genitales, tanto en mujeres como en hombres. En los hombres este aumento del riego provoca erecciones que duran, aproximadamente, dos horas. Se desconoce la razón de este aumento del flujo sanguíneo genital.
  • Hasta los 3 meses de vida es normal que los bebés no sigan el orden normal de las fases, sino que empiecen por la fase REM.
  • La fase REM es la más importante para el desarrollo. Los recién nacidos pasan entorno al 50% de su tiempo de sueño en esta fase. Los fetos llegan al 80%.
  • Existen casos de trastorno de comportamiento del sueño REM en los que los individuos no presentan la típica caída del tono muscular, por lo que en ocasiones se dañan a sí mismas o a sus compañeros de cama.
  • Otra alteración poco frecuente implica que la parálisis o caída del tono muscular no desaparece al despertar de manera inmediata, de tal manera que la persona está despierta, pero no puede moverse. Pese a provocar una importante sensación de agobio, esta situación suele durar muy poco tiempo.
  • El caso más estudiado de tiempo sin dormir es el de Randy Gardner: 264 horas bajo control científico, con el fin de estudiar los efectos de la privación de sueño. A los pocos días sufría pérdida de concentración y memoria. Al cuarto día empezó a tener alucinaciones y a los 11 días no podía completar algunas tareas mentales básicas.

Fuentes

  • Neurobiología del sueño y su importancia: antología para el estudiante universitario. Paul Carrillo-Mora, Jimena Ramírez-Peris, Katia Magaña-Vázquez. Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM. Vol. 56, Nº 4. Julio-Agosto 2013
  • Sueño a lo largo de la vida y sus implicancias en salud. S. Andrea Contreras. Revista Médica Clínica Las Condes. Vol. 24. Núm. 3, páginas 341-349 (Mayo 2013) DOI: 10.1016/S0716-8640(13)70171-8
  • El cuerpo humano. Bill Bryson. Ed RBA. 2020