Pedro Duque, nuevo Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades

Hoy, día 6 de junio de 2018, nos enterábamos a eso de media mañana que Pedro Duque, nuestro astronauta más internacional, sería nuestro próximo Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. Esto coincide más o menos en el tiempo con el próximo nombramiento de Luis de Guindos como próximo Vicepresidente del Banco Central Europeo. Ideologías aparte, este señor es el responsable de uno de los períodos más nefastos para la ciencia española y, sin llevar ese cargo, será recordado por la historia como el peor ministro de la ciencia que haya tenido nuestro país. Al menos yo me encargaré de recordarlo desde mi humilde tribuna de microbiólogo.

Volviendo a la noticia y detrás del impacto inicial del nombramiento en sí, más que nada por ser Pedro quién es a nivel mediático, se esconde un gesto y un detalle que son a mi modo de ver un claro mensaje de esperanza para la comunidad científica española. Y es que estarán conmigo que estábamos pasando una época muy mala para la ciencia. Vamos a recordar en primer lugar que en el último debate político a cuatro, antes de las últimas elecciones generales, la ciencia estuvo completamente ausente del mismo. Era un 13 de junio de 2016 y algunos empezamos a reaccionar, ya estaba bien de que la ciencia fuera sistemáticamente ninguneada. En estos casi dos años he aprendido mucho de política científica al lado de gente muy respetable, y rápidamente me di cuenta que en nuestro país hay muchísimas personas con una especie de animadversión/repulsa bárbara a la historia más reciente de nuestro país.

Después de un año largo de debates con un grupo al que denominé CURIE (Científic@s Unid@s por la Reactivación de la Ciencia en España), y que algún día estaré en posición de narrar con cierta perspectiva, me alegra y mucho que el nuevo ejecutivo haya decidido recuperar la figura de un Ministerio de Ciencia, junto a Innovación y sobre todo junto a Universidades. En primer lugar porque la ciencia vuelve al lugar jerárquico que nunca debió perder, y en segundo lugar, porque combinar ciencia y universidades, a mi modo de ver, es saber de lo que va esto de la ciencia (y sobre todo saber de lo que va la investigación, que es la pequeña parte de la ciencia a la que me dedico). Voy a explicarme desde el punto de vista de la comparativa histórica.

Hasta ahora sólo habíamos tenido juntas ciencia y universidades en dos ministerios que apenas duraron 3 años. El primero lo encontramos durante la primera legislatura, cuando Adolfo Suárez nombró a Luis González Seara Ministro de Universidades e Investigación. Esto ocurrió un 5 de abril de 1979 y duró poco más de dos años, ya que tras unos meses en los que se anexionó educación, el 1 de diciembre de 1981 se crea el Ministerio de Educación y Ciencia y nunca más ciencia y universidades volverán a coexistir integradas en el nombre de un Ministerio… hasta hoy. Justamente en este tránsito nuestro país contó con ministros de la talla política del anteriormente mencionado Seara, de Federico Mayor Zaragoza y de José María Maravall. A su vez coincide con la llegada al ministerio de científicos de la talla de Emilio Muñoz, ex Director General de Política Científica, ex Presidente del CSIC y al que tengo la suerte de tener como profesor particular de política científica. Emilio fue una pieza clave tanto para la modernización de la ciencia de nuestro país como para el despegue de la biotecnología, una de nuestras principales fuentes de innovación. De la mano de Emilio Muñoz llega la Ley de la Ciencia de 1986 que cambió drásticamente el panorama científico español y entre otras cosas se crea el Plan Estatal de Investigación. Pero también llega la Ley General de Sanidad de 1986, así como la Ley Orgánica de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, promovidas por Ernest Lluch, y que modernizan el sistema de Sanidad y Medicina. Así se crea el Instituto Carlos III, al que posteriormente se incorpora el FIS, potenciando la investigación biomédica en España hasta los niveles que conocemos hoy en día.

Cuando en la comunidad científica veíamos que nuestras protestas, iniciativas, reivindicaciones, llamadas al debate e incluso cobertura mediática como la coordinada por Patricia Fernández de Lis y sus colaboradores en El País, no servían para nada, un rayo de luz parece iluminar el ennegrecido y anublado ánimo de nuestros científicos y científicas. Combinar ciencia y universidades es recuperar el ambiente y la filosofía de la política científica de los años 80. Es apostar por la vuelta de equipos de trabajo cuidadosamente seleccionados, con alto nivel de cultura científica, es considerar que la ciencia importa para la construcción de un país mejor y es por qué no comenzar a dar el giro al tan ansiado cambio de modelo productivo. Es esperar que por fin científicos y científicas vamos a tener interlocutores políticos válidos, que saben de lo que hablan cuando escuchan reivindicaciones emanadas desde la comunidad científica y que no dan simplemente su parabién. Es comenzar a inculcar la importancia del escepticismo y del método científico en una sociedad completamente apabullada por las fake-news, es cambiar de rumbo y colocar el timón de nuestro barco en la misma dirección de otras economías similares que, tal y como nos recordaba el INE hace unos meses, incrementaban su inversión en políticas en I+D mientras en España se recortaba.

Recuperar Ciencia y Universidades es reconocer que la ciencia es principalmente educación, y es acabar con la visión cortoplacista que se le había impuesto a la mal llamada investigación básica, responsable de los principales descubrimientos y revoluciones científicas y sometida al yugo del mercado y de la aplicación inmediata. Sí, los principales descubrimientos se hacen por el afán de los científicos de comprender la naturaleza, y no hace falta irse muy lejos para verlo, pregúntenle a Francis Mojica. Reconocer la importancia de ciencia, innovación y universidades es proponer un sistema de potenciar la I+D en el sector privado, pero sin cercenar de raíz la investigación académica, esa que generará los resultados y los productos del futuro. En definitiva es hacer las cosas bien, con perspectivas de futuro y en sintonía con economías similares y superiores a la nuestra. Les invito a que consulten los nombres de ministerios correspondientes al nuestro para que vean la cantidad de veces que ciencia (investigación) y educación (universidades) aparecen juntos a lo largo y sobre todo ancho del globo terráqueo.

Pero Pedro Duque no lo va a tener fácil; tiene delante de sí una tarea ingente que es recuperar el ánimo de la comunidad científica, que se encuentra por los suelos después de años de recortes, imposiciones de control de gasto, excesos burocráticos, disminución de personal, cortoplacismo extremo. Y además va a tener delante de sí la ambición política de otros grupos, que probablemente le entorpezcan la también difícil tarea de emprender medidas de calado. No va a ser fácil, pero recuperar la ciencia, y poner al frente a alguien que sabe de lo que va, es darle a la ciencia española un rayo de esperanza de que las cosas vayan a cambiar. Y como decía Anatole France, nunca se puede dar da tanto como cuando se da una esperanza. Bienvenido Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, bienvenido Pedro Duque.

 

By | 2018-06-06T21:52:34+00:00 junio 6th, 2018|Artículos|0 Comments

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